“un paso para adelante y otro para atrás”
Las reglas democráticas deben coincidir con el sano sentido común para que sean creíbles, por tal motivo no es lógico que un mandatario esté limitado por ley a cuatro años, siendo tan raro que salga uno bueno, por lo que sería de aprovechar. Con la limitación se impide el desarrollo de lo bueno para evitar malas dictaduras. Es tan absurda la prohibición, como si se ordenara a las familias cambiar de pareja cada cuatro años. El divorcio no es deseable, sino una salida de emergencia, y se admira con alegría la vida prolongada en pareja. La continuidad del matrimonio es ideal. Una buena relación debería de durar para siempre, en lo sentimental y en lo político, por puro sentido común, pero la democracia chapina acomodó la lógica a su circunstancia, y se empeña en el rompimiento medido, impidiendo el desarrollo del talento. Así Margaret Thatcher no hubiera podido dirigir 11 años Inglaterra, ni Angela Merkel 16 años Alemania, ni los 14 años de Felipe González al frente de España. En Guate sólo se puede 4 años, y por eso cada nuevo gobernante inicia proyectos que deja a medias para que arranquen otros, avanzando como los cangrejos, un paso para adelante y otro para atrás.
La presencia de los presidentes es fugaz, de entrar y resistir, pero con los alcaldes es diferente, allí la gente sí decide, como en la ciudad de Guatemala, por ejemplo, que ha venido creciendo y progresando gracias a la sana continuidad. Los oponentes interesados en destruir esa buena relación de los vecinos con la administración actual, se dedican a descalificar, a manchar paredes encapuchados o a destruir de noche, por ejemplo, las modernas estaciones del Transmetro, para arruinar un sistema que inició en el 2007 con 48 unidades pintadas de verde y una sola línea, y que hoy en día ya supera las 200 unidades bien conservadas en 7 líneas, con tecnología, y cobrando siempre un quetzal devaluado. La gente no es ciega y compara con el destino del Transurbano de Álvaro Colom que empezó en el 2010, en lugar de haber respaldado al proyecto exitoso municipal, prometiendo 3150 unidades a un costo multimillonario, que terminó con apenas 300 unidades azules, de las cuales solo unas pocas todavía circulan averiadas como reemplazo de los viejos tomates rojos, que parecían chinchines contaminantes por la calle y se esfumaron durante la pandemia.
El Transmetro capitalino es ejemplo de continuidad, mientras el Transurbano significa cambio. Es por eso tan claro por qué los ciudadanos prefieren la estabilidad, frente a correr la aventura del estancamiento o retroceso. En las próximas elecciones, seguramente se verá ratificado dicho sentimiento mayoritario.
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Méndez Vides
Escritor, ganador del Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua 1986 y del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 1997. Autor de novela, cuentos y ensayos, y observador de la conducta humana.