Presenciamos tensiones en plena contienda electoral. Cuántos ambiciosos intereses salen a flote. Cuántos personajes oscuros afloran. Atropellan todo aquello que huele a democracia, que sabe a democracia, que suena a democracia. Maquinarias feroces que llevan motores demoledores en sus huestes. Se abre la caja de Pandora y brinca lo impensable. Por eso se hace necesario y urgente comprender que la democracia va más allá de las instituciones formales y de los rituales que regulan el sistema político (elecciones, por ejemplo). La democracia sostenida también debe ser comprendida como un cúmulo de principios y valores de inclusión y pertenencia que permiten la participación auténtica y responsable de los ciudadanos en la toma de decisiones que afectan la vida social y económica del país. ¡La voz libre del pueblo bien vale su defensa! O sea, hablo de un principio colectivo que toma forma en instituciones que garantizan y fomentan la participación en la política, previniendo la captura del Estado por parte de sectores de interés o políticos irresponsables y siniestros (que pululan por estos rumbos).
Vilipendiar la democracia es vilipendiar a toda una población, abusar de toda una población y pasar por encima de toda una población. Porque la democracia es comportamiento ciudadano libre, responsable, y el destino del orden político que Guatemala necesita. Sin ella, el sistema se vuelve tiranía.
Jóvenes y adultos, ancianos; estudiantes, obreros, campesinos, artesanos; artistas, burócratas y profesionales; medianos y pequeños empresarios; trabajadores formales e informales; habitantes del campo, aldeas, pueblos y ciudades; indígenas y ladinos. Todos y cada uno, cansados de la debacle del país y de sus exclusiones históricas, integran la fuerza democrática que el país requiere urgentemente para transformarse.
Poco queda. Demandemos entonces propuesta, programa, ruta, idea, trabajo, transparencia, capacidad a cambio de imagen vacía. Insisto, porque si queremos superar esta zozobra, necesitaremos soluciones políticas que rechacen los arreglos patrimonialistas y clientelares para ejercer responsablemente la representación de los diversos intereses y perspectivas de nuestra sociedad. Democracia: Sí. Tiranía: No.