La dictadura es el Gobierno en contra de las libertades

La dictadura como sistema de gobierno se produce cuando un gobernante o sistema político concentra o controla todos los poderes del Estado.  Este sistema político ha sido práctica constante en Latinoamérica desde el siglo pasado y, aunque la democracia parece haberse consolidado, persisten en la región gobiernos autoritarios que se enmarcan dentro de esta definición.

En el caso de Guatemala hemos tenido una extensa lista de dictadores a lo largo del siglo XX, entre los cuáles destacada como símbolo de crueldad, prepotencia, autoritarismo y abuso de poder, el general Jorge Ubico Castañeda, el último que logró permanecer por un largo período en la presidencia, hasta que un movimiento ciudadano provocó su renuncia.

Tras él hubo varios dictadores militares que controlaron los poderes Legislativo y Judicial –en algunos casos sin Congreso–, pero ninguno de ellos intentó perpetuarse en el cargo como Ubico, quien impuso su mano férrea y gobernó el país a su sabor y antojo entre el 14 de febrero de 1931 y el 1 de julio de 1944.  Más de 13 años de opresión.

La forma en que logró la concentración de poder y el control de todos los poderes del Estado fue por medio del miedo y la violencia.  Acabó la oposición política: fusilaba y aplicaba la Ley fuga, para asesinar a quienes se resistían a su forma de gobernar, restringió la mayoría de libertades ciudadanas y dictó políticas económicas y sociales como si se tratara de la administración de una finca de su propiedad.

Sus amigos y funcionarios cercanos gozaron de privilegios mientras que a sus enemigos o simples opositores les reprimía con dureza.  Fue un período de oscurantismo en el que solamente podían brillar las iniciativas del autoritario gobernante, a quién, además, se le debía rendir pleitesía, como si fuera el Patrón y no el servidor del pueblo.

La lista de personas fusiladas o asesinadas es muy larga, principalmente en los primeros años de su gestión.  Así logró subyugar a un pueblo que se mostró dócil, hasta que los abusos y arbitrariedades rebalsaron el vaso de la paciencia ciudadana y se le puso finalmente un alto a sus déspotas acciones.  

Hay quienes aplauden y añoran –aún hoy– a este gobernante, ya sea porque vivieron con privilegios de la época o porque sus padres y abuelos lo mencionan con añoranza. Sin embargo, en buena medida se debe a que no se conoce a fondo la historia y se cree que promovió seguridad y convirtió la ciudad en una tacita de plata. A eso le suman el hecho de que construyó varios edificios en la ciudad capital.

Sin embargo, se pasa por alto que la supuesta seguridad se construyó como parte de un sistema represivo que controlaba todo y a todos.  La eficiencia de la policía en esa época obedecía más a fines e intereses personales y de control, que a una política de seguridad y respeto ciudadanos.

Lamentablemente con la llegada del siglo XXI las dictaduras no han desaparecidos en la región, como tampoco han desaparecido los gobernantes. Autoritarios e intolerantes.  Cuba mantiene la herencia de la familia Castro, en Venezuela el heredero de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, es un auténtico dictador, como también lo es Daniel Ortega en Nicaragua.

A Guatemala la CIDH la sitúa en la esfera de estos países, una calificación que ha indignado al presidente Alejandro Giammattei.  Sin embargo, se deben reconocer que, en el caso de nuestro país, lo que estamos viviendo es una especie de dictadura del sistema político que, en efecto, ha logrado la concentración de control de los tres poderes del Estado, al tiempo que se utiliza, como lo hacía Ubico, a la justicia para perseguir y reprimir a los opositores.

Ya no hay un Jorge Ubico ni otros militares en la presidencia, pero el sistema político trabaja para perpetuarse en el poder bajo la fachada democrática.

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Author: Maria Suarez