Laberinto o corredor terrorífico

Como remedo de ciudadanos, estamos metidos en un laberinto o más bien en un cuchitril lleno de inmundicias de las cuales parece que no saldremos en los próximos años. En eso se ha convertido el proceso electoral. Ni siquiera podemos hablar de encrucijada, porque carecemos de opciones viables políticamente. Las opciones parecen salidas de las más dantescas películas de terror. Por delante nos quedan períodos, en el mejor de los casos, de mediana duración, donde el continuum será la constante.

Las sensaciones que captamos en las calles, en los círculos familiares y laborales cercanos es un presagio de lo que está por venir. En realidad, las próximas semanas no generan mayores expectativas; más bien ocurre lo contrario. El período de campaña no está sirviendo para mostrar cambios en la tendencia prevaleciente desde tiempo atrás. Lo que era gris, ahora es más oscuro. En medio de la vorágine de nombres y mensajes sin lógica alguna, la constante es el desánimo generalizado. 

Pero preocupémonos por lo que vendrá después de las elecciones. Allí radica la médula del actual preámbulo. ¿Quiénes administrarán el poder desde el ejecutivo y el legislativo? ¿Los mecanismos de decisión sufrirán alguna modificación? ¿Cómo se consolidará el bloque de poder que ha adquirido el pastel completo de la hegemonía? ¿De qué nuevos mecanismos se valdrá la alianza corrupto-criminal que las elecciones validarán? ¿Habrá algunos resquicios por donde ver halos de luz ante tantas oscuridades? ¿Qué nuevas correlaciones veremos en la nueva legislatura 2024-2028? ¿Cómo se gestionará el poder, en términos de distribución, tensiones y luchas por el mismo, y los mecanismos para aliviar las pugnas para evitar que el río llegue al mar? ¿Cómo se reproducirá el poder después del salvoconducto electoral de junio y agosto próximo? Esas y otras interrogantes son las relevantes.

No es marginal si gana tal o cual candidato a la Presidencia, o si un partido logra más de 10 curules en el Congreso. Tampoco es ocioso analizar a quiénes ganen las alcaldías en los corredores de mayor importancia para el crimen organizado y sus variados negocios. Todo ello es relevante, pero no por la propia elección sino por las consecuencias que se tendrán en el ejercicio de las funciones públicas correspondientes. De lo anterior, queda en evidencia que la variable partido político es de tercera categoría, ya que esas estructuras artificiales en realidad encubren una diversidad de agendas de intereses. 

En tal sentido, el acto de observar las elecciones puede tener o no importancia dependiendo de los momentos que se trate, de las variables escogidas, así como privilegiar o no la mirada política, y no lo cosmético. Observar solo la superficie, los actos públicos, el planteamiento de discursos sacados de la manga, los desplazamientos territoriales es un sin sentido. Lo mismo sucede si solo se trata de observar si el TSE coloca bien los enseres y materiales electorales, si todas las mesas tienen crayones, identificaciones y todo el conjunto de elementos formales. De eso no se trata una elección. Esta actividad tiene transcendencia, si o solo si, como actividad para garantizar la continuidad de las lógicas de poder prevalecientes. Considerar otros factores es pérdida de tiempo.  

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Author: Maria Suarez