Caminando por los alrededores del centenario Washington Square Park en puro Manhattan, entramos a uno de los citadinos y emblemáticos restaurants circundantes, precisamente el día y hora cuando las cadenas televisivas transmitían en directo la llegada y estadía de Mr. Trump al edificio de las cortes criminales del bajo Manhattan.
Uno de los meseros cercanos, un individuo muy atento a la tele, con rasgos asiáticos, nos comentaba –era imposible ser indiferente ante lo que acontecía– “esto es un verdadero show, pero así es la política”. Este escribiente, caminando por la populosa ciudad, no dejaba de pensar en esa frase que bien expresa el hartazgo del ciudadano de a pie hacia la clase política. Y ello sin entrar en mucha reflexión de las 34 felonías que los fiscales explicaban, y que al examinarlas uno sí que piensa que la política, por aquí, en el Norte y en Timbuktú, está configurada para una serie de farsas y fraudes y así engrosar los bolsillos de falsos líderes, y satisfacer los más conspicuos o vulgares lujos, como disfrazar gastos bajo sociedades anónimas o fundaciones políticas de unos buenos momentos con una estrella porno, al más claro y degradante estilo Playboy que uno pueda imaginar.
De acuerdo con el Estado de Derecho en el Norte las felonías constituyen comportamientos graves que ameritan penas severas, mientras que su Derecho Penal es consentidor de abundantes acciones criminales menores. Así, una serie de acciones fraudulentas y de malgasto del financiamiento de campaña, efectuado por un verdadero pícaro de la política como lo es Donald Trump, con la ayuda de sus abogados, contadores y amiguetes, viene escalando hoy bajo verdaderos juegos de poder entre Estado de Derecho y el poder político del voto y de la animosidad de la gente, estando bien presente la probabilidad que un ex presidente de los Estados Unidos pase no sólo un tiempo en la cárcel, sino se le impida buscar la reelección, tema este que tiene furiosos a millones de conservadores por allá.
¿En qué consisten las presuntas felonías de Mr Trump? Sin mayores tecnicismos legales, se trata de agenciarse hacia su bolsillo esquemas de financiamiento político, que de paso fueron aprovechados para evadir el impuesto sobre la renta de sus propios negocios. Uno de los más sonados ha sido el de utilizar a su abogado, un tal Michael Cohen, y sobrefacturarle para que el dilecto jurista pagare a una examante de Trump, con tal de no hacer ruido en su flamante período presidencial, acudiendo así a una acción de hush-money, como se le conoce en inglés, al acudir a pagos a alguien para mantenerlo en silencio y no pasar vergüenzas. La trampa legal hacia Trump, de parte de los fiscales radica en la evasión fiscal. Y lo que uno tiende a pensar es en la fachada de supermán que se crean los políticos, para enriquecerse de múltiples formas cuando su poder está en auge y al acecho del enriquecimiento personal.