Se dice que la inflación es el impuesto más injusto que existe. Injusto en cuanto a forma e injusto en cuanto al fondo. En lo que a la forma se refiere, a diferencia de otros tributos, la injusticia del impuesto inflacionario radica en que no se necesita de la aprobación del Congreso para que cobre vida. En términos de la famosa consigna de los colonos americanos en contra de Gran Bretaña de “no a los impuestos sin representación” –“no taxation without representation”–, el impuesto inflacionario es totalmente injusto ya que evade todos los mecanismos diseñados para proteger a los contribuyentes de los abusos de las autoridades en materia impositiva. En cuanto a la injusticia de fondo, en sentido económico, el impuesto inflacionario castiga a los más pobres, a quienes tienen menos posibilidad de protegerse de la pérdida de poder adquisitivo de sus ingresos.
Resulta justificable que los bancos centrales hagan todo lo que tienen a su alcance para garantizar la estabilidad de los precios utilizando diverso tipo de instrumentos, dentro de los cuales destaca la fijación de las tasas de interés a su alcance. Un remedio anti-inflacionario que debe ser utilizado con cautela, sobre todo cuando la evidencia apunta a que el ciclo alcista de la tasa de inflación quedó atrás. La mayoría de países, incluido Guatemala, experimentan ya un descenso importante en la tasa de inflación que se irá acentuando conforme avance el año. El aumento de tasas de interés beneficia de manera especial a un sector económico muy rentable: la intermediación financiera. Al mismo tiempo que castiga de manera especial a los hogares y empresas endeudados que se ven obligados a dedicar mayores cantidades de recursos para pagar los intereses obligando a unos a consumir menos y a otros a reducir sus inversiones. Tal como sucede con cualquier medicamento, su uso desmedido o prolongado conlleva nocivos efectos secundarios. En este caso, pasando una costosa factura a quienes fueron más golpeados por la inflación y otorgando ganancias caídas del cielo quienes más ganaron con ella. Seguir aumentado la tasa de interés líder en este contexto no solo podría resultar innecesario sino altamente costoso para una economía que necesita crecer y generar empleo.