Quien crea que una relación China-Guatemala, en este momento o bajo nuestras circunstancias actuales, sea más provechosa o justa (concepto risible en la política exterior actual) está profundamente equivocado. En el último mes he escuchado más voces de colegas, empresarios, líderes de opinión, políticos y un par de candidatos hablar sobre la “necesidad” de romper con Taiwán e inaugurar relaciones con China porque, entre otras cosas ya mencionadas en la columna anterior, no podemos seguir siendo parte de un grupo de “paisitos” que reconocen una “islita”. Este argumento, tristemente recurrente, se encuentra en el fondo del problema sobre el recurrente dilema Taiwán o China.
Asumir que no podemos seguir siendo parte de los 13 Estados (incluido el Estado Vaticano) en seguir reconociendo a Taiwán que, comparada con China está lejos de ser una potencia, es pretender que en el sistema internacional somos una potencia en desarrollo o no somos un paisito. Basta hacer un repaso de indicadores e índices de crecimiento y desarrollo de los últimos 20 años para darse cuenta que si bien hay áreas en donde se ha avanzado esto no ha sido suficiente y también reconocer que hay áreas en donde se ha retrocedido. Es más, una comparación Guatemala con Taiwán resultaría en una comparación de un país en vías de desarrollo con una isla desarrollada. El problema de fondo no es Taiwán o China, somos nosotros.
Los diferentes gobiernos de turno han sido el otro lado de una moneda que ha solicitado y sigue solicitando una cooperación a Taiwán que se limita sus periodos en el poder: ambulancias, patrullas, escuelas, centros de salud y sopitas instantáneas. Está el tema de la carretera al Atlántico que fue una constante en varios gobiernos y actualmente un lobby en Washington D.C., pero que ha sido de utilidad a la administración de Alejandro Giammattei. Pero que hay de una cooperación más integral en materia de educación, salud y transferencia de tecnología. La pandemia desnudó nuestro raquítico sistema de salud y estamos atravesando el cuarto año en donde la educación pública es prácticamente inexistente y a estas alturas el covid-19 ya no es excusa válida. Aparte de esto, qué grandes inversiones o cuántas alianzas de negocios Guatemalteco Taiwanesas se han logrado y cuál ha sido su impacto. Los jóvenes siguen migrando y la principal causa sigue siendo la falta de oportunidades económicas.
El problema es de ausencia de una política exterior y va muchísimo más allá de Taiwán y de China pues también aplica a cómo aprovechamos nuestras relaciones con otros países en Asia y Oceanía como Corea del Sur, Japón, Australia y otro gigante en pleno ascenso: India. Nuestras relaciones con la mayoría de los países sudamericanos son exclusivamente cordiales sin mayor o ningún impacto en áreas estratégicas desde hace años. En vísperas de las elecciones generales, los candidatos no deberían decidir si China o Taiwán, sino más bien cómo nos queremos proyectar al mundo.
@robertoantoniow