Observo con el pasar de los días que la realidad de la sociedad venezolana es siempre más confusa. Por una parte los protagonistas de nuestra oposición política (y es únicamente a través de la política que podremos enmendar nuestro país), actúan como si viviesen en la vieja democracia venezolana, donde la corrupción ya era conocida, pero había libertades y posibilidades de desarrollo y no en un país penetrado por inconfesables intereses geopolíticos, como por grupos de delincuencia organizada transnacional, siendo el resultado que convivamos, muy a nuestro pesar, con un régimen-dictadura dirigido por vulgares delincuentes, convirtiéndonos estos en una nación paupérrima y hambrienta. Deseo, una vez más, expresar mi preocupación por la gran confusión que están generando personas que se han adueñado peligrosamente, imitando a Maduro en relación a Venezuela, de los organismos de representación del pueblo opositor.