Por razones de oficio y proximidad a la vida pública de este país, recurrentemente me veo cercano a afanes públicos: políticos, administrativos o judiciales y cada vez he podido comprobar, que la jerga cortesana, sirve a círculos de poder para abrillantarse entre sí, los calificativos son diversos; generalmente expresados con frivolidad o reverencia según el emisor: ilustre, notable, distinguido, insigne, honorable. Se endilgan a la persona en tanto el cargo que ostenta. No es una referencia a valores y cualidades del personaje. Se hace de oficio. Son calificativos, que rara vez se dirigen a personas de la llanura política o a personas sencillas del pueblo. Aunque lo merezcan con creces. Honorable, es el calificativo más utilizado en aquella jerga cortesana. Nunca, eso sí, se llama a nadie honorable por su honorabilidad.
Al presidente del país, se le llama excelentísimo; entiendo que algunas de estas formas están atadas a protocolos oficiales nacionales e internacionales y/o recogidos en leyes de la república. Sin embargo, la mirada popular, dada la escasa honorabilidad demostrada por muchos de los personajes públicos, hace mofa cotidiana de aquellos amaneramientos. Aunque –hay que reconocerlo– en actos públicos populares, se exalta zalameramente al funcionario. Aun, conociendo que se trata de personajes sobradamente oscuros. Acá es donde la Huelga de Dolores con su jocosidad hilarante, es un, crisol certero de lo que -realmente- prensamos en la mayoría ciudadana. De hecho, el Comité de conducción huelguera se denomina “Honorable” mofa que no necesita explicación y para quienes prefieren no entender, la Chalana, es explícita: ”malos bichos sin conciencia que la apresan en sus dientes y le chupan inclementes la fuerza de su existencia…contemplad los militares que en la paz carrera hicieron; vuestros jueces a millares que la justicia vendieron…y patrioteros con brotes de farsa, interés y miedo”. Esa es la concepción popular sobre honorables que pululan en la institucionalidad pública.
A que viene aquello. Vivimos días de pausa democrática en este país de “honorables”. Los así designados, han hecho causa común en contra de la ciudadanía. Honorables diputados, fiscales, ministros, diputados, mercachifles. Absolutamente todos los honorables, operan unidos para pervertir el estado de legalidad; dictan sentencias de sastre: a la medida. Liberan a quien quieren y encarcelan pensadores y poetas. Lo honorable en este país es vacuo. Solo la ciudadanía en su honorabilidad intrínseca puede devolver las cosas a su sitio, de lo contrario nos esperan décadas de valores invertidos y una multiplicación exponencial de honorables. Mi fraternidad a un Honorable de verdad: Rubén Zamora. Aherrojado en bartolina. Por denuncia espuria.