Ayer fue el Día de las Madres. Se celebró con comidas y agasajos, y hasta feriado tuvieron las madres trabajadoras. Sin embargo, como se dice coloquialmente, hay quienes “ni madre tienen”. A quienes gobiernan el país, y a muchos de los que pretenden gobernarlo y andan en campaña electoral, poco o nada les importa que haya niños y madres muriendo de hambre, desnutrición, enfermedades controladas a nivel mundial… es decir, mueren por la pobreza. Como lo único que les interesa son sus bolsillos –más bien caletas–, no implementan programas que satisfagan las necesidades básicas de la población, porque ellos y sus familias lo tienen todo y pueden celebrar este día en los mejores restaurantes y darles los regalos que quieran.
El Día de la Madre se decretó el 1 de octubre de 1968 para que las que trajeron un hijo al infame mundo que se vive en Guatemala, gozarán de un día de descanso con el pago correspondiente del salario, pero esto solo para las trabajadoras del Estado y de empresas privadas; pareciera que los legisladores les importaban poco las trabajadoras de casas particulares; esto es parte de la eterna exclusión que se vive en este país.
Pero la importancia del 10 de mayo no es solo por el Día de las Madres, hay que recordar que hay muchas madres que nunca vieron volver a sus hijos e hijas que fueron detenidos-desaparecidos por las fuerzas estatales durante el llamado conflicto armado interno. Hay mucha juventud que creció sin su madre, porque esta fue asesinada o desaparecida porque era una persona pensante y luchaba por darle a sus hijos e hijas un país mejor, una Guatemala de equidad, paz y democracia.
Además, hay otro hito histórico en esta fecha: hace diez años se dictó la sentencia de condena por genocidio al general Efrain Ríos Montt, el cual fue cometido contra el pueblo Ixil, aunque quienes hemos leído el informe Guatemala Memoria del Silencio, sabemos que también se cometió genocidio en otras áreas. Ríos Mont, por cierto, no fue a la cárcel, sino a un sanatorio, pero los ochenta años a que fue condenado por el tribunal pasan a la historia de Guatemala. No se puede cometer delitos de lesa humanidad, genocidio o violaciones a derechos humanos y salir impune en la vida. Por ese fallo, los jueces Yasmin Barrios, Pablo Xitimul y Patricia Bustamante, han sido atacados, perseguidos y acosados.
Precisamente en este 3 de mayo ha sido también el Día Internacional de la libertad de Prensa, pero en Guatemala ha llegado en momentos en que la libertad de expresión y de prensa están siendo atacados y varios periodistas y columnistas sufren la amenaza, la persecución, el exilio y la cárcel. Varios periodistas y columnistas de elPeriodico son perseguidos e investigados por el fiscal Rafael Curruchiche, por haber publicado noticias sobre la persecución contra Jose Rubén Zamora; es decir que, según este fiscal, solo se puede publicar lo que a ellos les convenga. Cabe recordar que Zamora lleva varios meses encarcelado injustamente y con la amenaza de ser condenado a varios años de cárcel. También se han ensañado contra sus abogados, como el caso de Juan Francisco Solórzano Foppa y Carlos Ramiro Moino Cárdenas. Por eso, en el medio periodístico no hay nada que celebrar, pero sí mucho que condenar y exigir el respeto no solo a la libre expresión, sino a la vida de periodistas que están en peligro de muerte o de parar en la cárcel por el ejercicio de su profesión. El pueblo debe tener presente que los periodistas y columnistas siguen trasladando y publicando información, análisis, denuncias y críticas de lo que sucede en el país, no solo porque es un derecho que asiste a cualquier persona, sino también porque el pueblo tiene derecho a estar informado sobre los acontecimientos. La rabia de este tipo de funcionarios es que ya no pueden esconder el uso y abuso que hacen de los recursos del Estado.
El 3 de mayo también fue el Día de la Cruz, es decir el Día de los Albañiles, de quienes se revientan el lomo en las grandes construcciones o haciendo casas para otros con un salario que no cubre sus necesidades y por ello, se ven obligados a largas jornadas de trabajo.
No podía dejar de mencionar a otras olvidadas de siempre, las comadronas, que reciben a los niños en todos los rincones del país y no se les reconoce el servicio y el trabajo; el próximo 19 de mayo es su día y seguramente pasará desapercibido. A mí me recibió una de ellas. Va un abrazo fraternal para ellas.
Por todo ello, va nuestro reconocimiento a todas las madres que han dado a luz hijos buenos que sirven a Guatemala y a las que los formaron para ello. Nuestro abrazo fraterno a los colegas periodistas con la esperanza de un futuro mejor para todas y todos. Y para los albañiles, gremio del que hace mucho tiempo formé parte, haciendo mescla, repellando o poniendo ladrillos, un reconocimiento humilde por la grandeza de su trabajo.