Insisto: el Dalai Lama no es una excepción a la regla en cuanto a la capacidad que tiene de equivocarse, no solo como persona individual, sino también como personaje público. Y por personaje, entiendo la construcción mitológica que la cultura tibetana, la sociedad y el Departamento de Estado norteamericano, han hecho de su persona para jugar un papel importante en los ámbitos religioso-filosófico, social y político, papel que lo pone inevitablemente bajo los proyectores cada vez que habla o actúa, porque se trata de una autoridad mundialmente reconocida.
En el plano individual, supongo que el Dala Lama es un tipo simpático, sabio y bonachón, con quien podría uno pasarse horas platicando sin fatiga. Pero muchos de sus admiradores olvidan que él no es solamente un guía espiritual, sino que además de haber sido hasta el año 2011 jefe del Estado tibetano en el exilio, sigue siendo un hombre clave en el objetivo de los Estados Unidos de mantener en la frontera que colinda con la China, un territorio aliado susceptible de ponerse al servicio de los intereses geopolíticos estratégicos norteamericanos. Por lo demás, desde que el Dalai salió al exilio, en 1956, ha sido prácticamente financiado por ellos.
Lastimosamente, no se puede separar del todo la esfera espiritual de la política. El Papa Pablo VI, por ejemplo, amado y admirado al grado de haber sido declarado santo y hacedor de milagros en el plano espiritual, además de su apoyo irrestricto a los curas y amigos pederastas, aplaudió y apoyó activamente las causas más inhumanas de los Estados Unidos en escenarios que causaron muerte y sufrimiento a millones de personas. Por su parte, el Dalai Lama apoyó los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia y la invasión de Irak, así como firmó la petición hecha a Inglaterra para que Pinochet fuera liberado y no fuera entregado a España para que lo juzgaran por sus crímenes.
Hasta la anexión efectuada en 1950 por la China, en el Tíbet imperaba uno de los sistemas teocrático-esclavistas más crueles del planeta, y el Dalai Lama era el jefe político de esa monarquía feudal. Así que yo no comparto la admiración beatífica que suscita el Dalai en mucha gente, aunque a veces confieso que me inspira simpatía, como se la tengo a líderes diversos que existen o han existido en el mundo, líderes que a veces han dicho y han hecho cosas inteligentes y buenas para muchos, otras, menos inteligentes y menos buenas, y otras más, por desgracia, voluntaria o involuntariamente, equivocadas o perniciosas para el resto.
(Si quieren saber más sobre el Tíbet y el budismo tibetano, recomiendo los libros y artículos del historiador estadounidense Michael Parenti, y el testimonio del Lama Shree Narayan Singh sobre la institucionalización de la sodomía en el monacato budista)