Tormenta o llamarada (u otra forma de no decir adiós)

No sé si soy

tormenta o llamarada.

Isabel de los Ángeles Ruano, Espejo policrómico

Nos iniciamos en la vida desde el grito, con ese primer llanto que comprueba que respiramos. Enunciarnos con firmeza pareciera ser la respuesta más transparente que la entrada en un mundo tan abundantemente hermoso y tan absurdamente doloroso nos provoca.

Desde el nacimiento, puede ser la voz tormenta o llamarada, como develan los versos de la inmensísima poesía de Isabel. Así sea fuego, así sea agua, en este territorio en concreto, la palabra transita a través de una abundancia de intentos por ser devuelta al silencio. Sin embargo, subsiste.

Cada susurro que arde, cada eco que moja alimenta la resonancia del cuerpo colectivo que constituye la palabra. Si buscan que no arda, pensaremos cada noche en el fuego. Si buscan que no moje, tendremos más sed cada mañana.

La tormenta ya hizo mella.

La llamarada permanece.

La palabra seguirá resistiendo.

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Author: Maria Suarez