Acabo de asistir, en París, a la Asamblea General anual del Consejo Internacional de la Caza y Conservación de la Fauna (CIC). Allí se ha hablado, con un Programa intenso, de asuntos relevantes que afectan a la actividad y razón de ser del Consejo, muchos de ellos recurrentes año tras año. Noticia Relacionada estandar No Las teorías de los nuevos gurús de la liberación animal Juan Delibes El discurso animalista es fácil de vender a un porcentaje de la sociedad urbanita que desconoce la realidad rural No es mi intención escribir sobre dichos asuntos. No soy periodista reportero ni tampoco quien para resumir tanto conocimiento ni tanto interesantísimo debate. No faltaba representación – en estrecha colaboración – de ninguna de las grandes instituciones de Conservación de la Naturaleza. Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés); Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ; Convención sobre el Comercio Internacional de Especies de la Fauna y Flora Silvestres (CITES) ; Convención de Especies Migratorias (CMS) y muchas otras dedicadas, durante dos días, a resumir sus trabajos y avances en favor del Marco de la Biodiversidad Global 2030 y apoyo del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas que se extiende desde el año 2021 hasta 2030. Si me animo a escribir es, sin embargo, por el profundo impacto que tuvo en mí la intervención de Willy Schraen . Willy, y utilizo este diminutivo cariñoso porque así lo hace él en su tarjeta de presentación, es un político francés que desde 2016 preside la Federación Nacional de Caza en Francia. No es poco. La FNC maneja un presupuesto por encima de 40 millones de euros, que utiliza en su mayoría en forma de ayudas de interés para las poblaciones de fauna salvaje y sus hábitats. Su objetivo – primordialmente – es el mejor conocimiento de las especies para garantizar la caza sostenible. El presidente del CIC, Phillip Harmer, interviene en la Ceremonia de Apertura de la 69 Asamblea General en París ABC Representa a casi 4 millones de titulares de permisos de caza en Francia, que si extrapolamos a número de miembros por familia de cada cazador podría suponer al menos el doble de votos, lo que hace que sea una persona respetada por todos los partidos y muy querida por los partidarios de la caza en Francia, que son muchos y muy convencidos de que la caza juega un papel fundamental en la conservación de la Naturaleza. Esos 4 millones de cazadores, junto con sus familiares y amigos, actúan cada día para defender, cada uno a su nivel, la riqueza de la biodiversidad en su país y la conservación del medio ambiente. El puesto de Willy, y su propia forma de ser, hacen de él una personalidad de esas que, siendo como digo muy querida, levanta pasiones entre sus detractores, pues nada de lo que dice pasa desapercibido. Dice cosas muy conocidas por todos, pero consigue que parezcan originales y desde luego convencen a quienes participan de sus ideas. Y a muchos de los que no las comparten. Lógicamente, también revuelve las entrañas de quienes no quieren aceptar argumentos contrarios a sus propios intereses, hasta el punto de que necesite seguridad personal para él y para su familia. Como él afirma, la mentira es permanente por quienes combaten la caza desde posiciones extremas, mienten a la sociedad sin reparo y muchas veces sin respuesta, peor aún, nos aterrorizan afirmando sin rubor que, lo peor, es lo mejor que nos puede pasar. De hecho, Willy compartió cómo los movimientos anti-caza traspasan los límites con regularidad. Él, sin embargo, es de los que no se arredran ante el fanatismo. Actualmente tiene citadas a no menos de 400 personas a comparecer ante los tribunales para obtener reparación por esa violencia gratuita en contra de su persona o la de su familia. Y así, poco a poco, va ganando la batalla. No se puede aceptar ninguna impunidad cuando se trata de defender la pasión de la caza, y eso debe ser una regla de oro para cualquier cazador. Una pasión Así, mostrando su faceta más pura de cazador preocupado por dejar a las generaciones que nos siguen algo mejor que lo que nos hemos encontrado, Willy afirmaba con toda naturalidad , y transcribo literalmente «cuando voy de cacería, me meto en la naturaleza, porque me gusta encontrarme allí, y si en algún momento mato un animal, es en ese contexto particular que lo haré y no simplemente para dar muerte . Es el matiz que todo cazador conoce, siente y comprende. La caza es una forma de vida. ¡Mi profesión no es ser cazador! ¡Es mi pasión ! ¡Esto es lo que debe unirnos! La regulación y preservación de los equilibrios de los ecosistemas son los resultados de nuestra pasión. En ningún caso pueden ser la causa. A todos aquellos que quieran, en Francia o en otros lugares, limitarnos a una función de reguladores de poblaciones para equilibrio de los ecosistemas, les digo que no. Solo la caza recreativa nos permitirá continuar y hacer que los jóvenes quieran unirse a nosotros». Los ecologistas anti-caza podrían tener la tentación de pensar que están ganando la batalla. Que la prohibición de la caza , por ejemplo, en los Parques Nacionales, es un éxito y que se resolverá con ‘regulación de poblaciones’, pero no es verdad. Es, simplemente, una mentira más. No sólo por el coste, sino porque esa ‘regulación de poblaciones’, sólo se podrá hacer en contra de los principios que ellos mismos defienden. Al final, los animales tendrán que morir para regular su población, y ya vamos viendo cómo se hacen las cosas. Sin embargo, el daño que esos excesos de poblaciones están haciendo en el monte y el arbolado podría resultar irreversible. MÁS INFORMACIÓN noticia No Ginés Marín: toros, caza y cocina noticia No La caza del corzo morisco, la joya del sur noticia No Águila imperial ibérica, única Como dice Willy, restaurar la verdad sobre nuestras prácticas requiere explicar los extremos positivos de la caza, porque los cazadores son los primeros benefactores de la naturaleza. Aunque pueda resultar una paradoja difícil de entender. Y tiene razón.