La espiral inflacionista que zarandeó la economía entre 2022 y 2024 erosionó el poder adquisitivo de los españoles desde muchos flancos. La cesta de la compra se encareció más de un 20%, las mejoras salariales no alcanzaron a cubrir el alza de la carestía de la vida y un buen puñado de bienes y servicios subieron hasta niveles poco accesibles para un sueldo medio. El fenómeno tuvo su puntilla fiscal. La decisión del Gobierno de no adaptar los principales umbrales de renta del IRPF a la escalada de la inflación empequeñeció el efecto protector sobre la renta de los contribuyentes de los mínimos personales y familiares e incrementó como nunca antes en la historia la carga fiscal sobre los salarios…. Ver Más