Un elemento clave en el acelerado declive de nuestras democracias es la profunda crisis de los partidos políticos tradicionales, que ante el envite populista han abandonado cualquier noción de corresponsabilidad política. El mejor ejemplo es el Partido Republicano de EE.UU., el de Lincoln y Reagan, que se ha visto degradado hasta convertirse en un irreconocible grupo de palmeros acríticos de MAGA. Cuando las formaciones políticas anteponen la obediencia a la conciencia, no hay mucha esperanza para salir del tenebroso laberinto formado por la corrupción, la incompetencia y el sectarismo. De ahí, el mérito de la revuelta del Partido Laborista tras los fracasos de gestión, los escándalos y las derrotas electorales acumulados por el primer ministro, Keir Starmer. Al final, los… Ver Más