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Abelardo De la Espriella logró ganar la Presidencia de Colombia; la ganó a pesar del abuso del gobierno de Petro, la ganó a pesar de la campaña de mentiras y de infamias que desde el Estado colombiano lanzaron en contra del abandera de la libertad.
Ganó a pesar de las presiones de grupos armadas en diferentes zonas de Colombia que presionando a la población civil para apoyar a los candidatos que auspiciaban desde la guerrilla.
Es un triunfo que significa mucho porque con la salida de Gustavo Petro, el régimen venezolano pierde a un colaborador, a un cómplices, a un pillo que se presta a secundar las mentiras que emanan de Miraflores.
La victoria de Colombia; la victoria de Abelardo es un triunfo para la libertad de América Latina, es un símbolo en nuestra propia lucha en Venezuela.
Pues, así como un nuevo gobierno en Colombia ayuda a la libertad de Venezuela; así como es una nueva noticia para Latinoamérica la victoria de Keiko Fujimori en Perú, de esa misma forma se vienen cosas muy buenas para nuestra Venezuela.
Porque así como Perú se salvó de las garras de un socialista de sombrero amplio y de edición moderada de los viejos socialistas de siempre; así como Abelardo le puso un parao a Iván Cepeda, el candidato de la FARC, de esa misma forma en Venezuela tendremos nuestro cambio definitivo.
La libertad de Venezuela tiene nombre y apellido: María Corina Machado; y será con ella que lograremos la transición de verdad y el cambio que los venezolanos anhelan.
Con María en Venezuela, Keiko en Perú, Abelardo en Colombia; junto a Daniel Noboa en Ecuador, Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, se concretar la transformación que nuestro continente necesita.
Se vienen tiempos mejores; se levanta la bruma de la ignominia socialista, se va aclarando el porvenir para nuestras naciones; se viene un despertar para nuestras sociedades que están renaciendo después de años de oscurantismo socialista.
La izquierda se hunde y ya era hora que desaparecieran porque su legado ha sido de dolor, hambre, corrupción y destrucción de todo a su paso; la izquierda se hunde y a tal punto que Lula Da Silva no tuvo a menos en sacudirse a sus viejos aliados y decir que “él nunca ha sido socialista”.
La izquierda es parte de un pasado que estamos superando y al cual no podemos volver nunca más.
Porque la libertad es la meta y el objetivo de esta lucha. Una libertad de todos y para todos.
Así de sencillo.
Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.
