
Se cumplen 15 días desde que un doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 sacudió el norte de Venezuela la noche del 24 de junio, con epicentro en el estado Yaracuy. Dos semanas después, la búsqueda de personas continúa, miles de familias siguen sin respuestas y crecen los cuestionamientos sobre la transparencia de las cifras oficiales.
Un balance que no termina de cerrar
A través de Delcy Rodríguez, ha situado el número de fallecidos en 3.811, cifra que —según reconocen las propias autoridades— continúa siendo preliminar. Sin embargo, varios registros independientes contradicen ese conteo: la plataforma ciudadana Venezuela Reporta calculó decenas de miles de desaparecidos, mientras que el sitio Desaparecidos Terremoto Venezuela reportaba cerca de 31.000 personas sin localizar hacia el 5 de julio. El propio subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, Tom Fletcher, llegó a hablar de más de 50.000 desaparecidos.
El modelo PAGER del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), que estima víctimas en tiempo real tras un sismo, había advertido desde el primer momento que la cifra real podría superar ampliamente los diez mil fallecidos.

La Guaira, el epicentro del dolor
La Guaira concentra el mayor golpe: alrededor del 80% de sus edificaciones resultaron dañadas o colapsadas, y allí se ubicó el aeropuerto internacional de Maiquetía, principal terminal aérea del país, gravemente afectado. Imágenes captadas por drones sobre la zona —como las que continúan circulando en redes sociales— muestran calles convertidas en escombros, estructuras derrumbadas y zonas que, dos semanas después, aún no han sido totalmente removidas.
Medios internacionales, entre ellos The New York Times y El País, han documentado irregularidades en el manejo de cadáveres, fosas de emergencia y discrepancias entre los registros hospitalarios, funerarios y oficiales, lo que ha alimentado la desconfianza de organizaciones y familiares sobre el verdadero alcance de la tragedia.

Críticas a la respuesta del Estado
La actuación gubernamental también ha sido objeto de señalamientos. Diversos análisis calificaron la respuesta inicial como lenta frente a la magnitud del desastre, algo que Rodríguez rechazó públicamente, asegurando que en las primeras 24 horas se desplegaron unos 4.000 funcionarios policiales y militares.
Pese al despliegue de ayuda internacional —con más de 30 países involucrados, miles de rescatistas y toneladas de asistencia humanitaria, según cifras de la ONU—, persiste la sensación, denunciada por organizaciones civiles y en redes sociales, de que el Estado ha subestimado o retrasado la difusión de datos sobre la verdadera dimensión del desastre.
Una herida que sigue abierta
A dos semanas del suceso, miles de familias venezolanas continúan buscando a sus seres queridos, muchas de ellas sin certeza sobre si aparecerán con vida o entre las víctimas aún no identificadas.
Las imágenes que circulan de las zonas afectadas, sostienen organizaciones de la sociedad civil, funcionan como recordatorio de que la crisis está lejos de haber concluido, más allá de los balances que ofrecen las autoridades.
