Tras el fracaso de Brasil en 2014, España volvió a fallar cuatro años después en el Mundial de Rusia, que Putin utilizó como un lavado de cara de su régimen. La selección jugó extremadamente mal salvo contados minutos y cayó frente al anfitrión en un desempate a penaltis. Maradona, testigo privilegiado de aquel campeonato, dijo una frase que resume la actuación de la Roja: «Trasladan mucho el balón, pero no definen. Juegan un fútbol horizontal como si las porterías estuviesen en las bandas». Así era. Frente a unos rivales muy cerrados, los jugadores españoles se pasaban el balón una y otra vez sin crear ocasiones de peligro. A veces, el balón circulaba con más de 30 pases, pero la jugada jamás concluía con un remate a puerta salvo en el partido inicial. España llegó a Rusia envuelta en la polémica producida por la destitución de Lopetegui como seleccionador, que unos días antes había anunciado su fichaje como entrenador del Madrid. La Federación designó a Fernando Hierro como sustituto, sin tiempo para hacer cambio alguno. La Roja se había clasificado primera de su grupo, por delante de Italia y Albania. Había goleado a los ‘azzurri’ en Madrid y disputado algunos partidos de preparación con buen nivel, lo que había suscitado un cierto optimismo en la afición. Lopetegui había optado por una mezcla de renovación y continuidad sobre la que no hubo discusión. Volvían a vestir la camiseta nacional Piqué, Busquets, Iniesta, Ramos y Silva, presentes en Brasil. Xavi Hernández no fue convocado. Entre las nuevas incorporaciones, figuraban De Gea, Saúl, Thiago Alcántara, Isco, Asensio y Aspas, que había debutado dos años antes. El primer partido se disputó en Sochi, el lugar donde veraneaba la ‘nomenklatura’ soviética, el 15 de junio. De Gea ocupaba la meta en sustitución de Casillas. Hierro alineó en la delantera a Diego Costa, Aspas y Lucas Vázquez. El resultado fue de empate a tres. Costa marcó dos goles en un encuentro lleno de alternativas. Cristiano Ronaldo anotó los tres goles de Portugal, uno de ellos, en una falta a larga distancia. El empate no era un mal resultado porque los dos rivales que esperaban a la Roja eran asequibles, al menos, en teoría: Irán y Marruecos. Frente a Irán, la selección jugó fatal y fue, en muchos momentos, inferior. Pero otro gol de Costa en el minuto 54 permitió salvar los muebles. El desempeño de la selección encendió todas las luces rojas. El tercer y último partido del grupo tuvo lugar en Kaliningrado, la patria de Inmanuel Kant, frente a Marruecos. España volvió a demostrar inquietantes carencias y logró el empate en el minuto 91 gracias a un gol de Aspas. El 2-2 fue suficiente para pasar a la siguiente ronda como primeros por ‘goalaverage’. Nos esperaba Rusia. El 1 de julio se jugó en el estadio Luzhniki de Moscú frente a los anfitriones. España marcó nada más comenzar el encuentro, pero Rusia empató de penalti por una absurda mano de Piqué. En la segunda parte, la Roja acorraló infructuosamente a los rusos, que renunciaron a pasar del centro del campo. Lo mismo sucedió en la prórroga. El abrumador dominio de Isco, Thiago e Iniesta en el centro no sirvió para nada. Se llegó así al lanzamiento de penaltis y nuevamente España perdió. No hubo necesidad de tirar el quinto porque los rusos marcaron los cuatro primeros y Koke y Aspas habían fallado los suyos. Fue una eliminación frustrante en octavos porque Rusia no hizo prácticamente nada, salvo apelotonar defensores en su área. El Mundial de 2018 lo ganó la Francia de Mbappé, Varane, Griezmann, Pogba y Kanté, que derrotaron en la final a Croacia por 4-2- Modric realizó una exhibición de juego y coraje en aquel partido que no fue premiada. España retornó a Madrid con una sensación de absoluto fracaso no tanto por los resultados, ya que no perdió ningún partido, sino por su falta de ambición. La siguiente cita en Qatar volvería a deparar otra decepción, pero esa es otra historia.