Un importante pacto global

La organización social humana no ha cesado de evolucionar. Los tiempos en que los individuos ‘Homo sapiens’ formaban parte de pequeños grupos relacionados por el parentesco han dado lugar a una especie que se ha adueñado del planeta entero para dominarlo y que ahora intenta organizarse planetariamente.

Parece evidente que las formas de organización que hemos logrado dependen de las tecnologías existentes. De las primitivas artes de caza y recolección que permitían el sustento de pequeños grupos nómadas en un territorio, con la invención de la agricultura y la domesticación de plantas y animales, nuestra especie creció, nos asentamos en lugares adecuados y nos organizamos en villas, ciudades, reinos e imperios. Aparecieron nuevas funciones y la desigualdad natural de funciones entre hombres y mujeres dio lugar a una creciente desigualdad social. Algunos humanos se erigieron en dirigentes, sacerdotes y guerreros, otros fueron esclavizados y transformados en instrumentos de trabajo. Hace cinco siglos, los humanos comenzamos a integrarnos en una comunidad global. Los avances tecnológicos del transporte marítimo permitieron la comunicación, los viajes, el comercio y las guerras mundiales. Los imperios dieron paso a partir de 1648 a los Estados dinásticos y estos a partir de la Revolución francesa de 1789 a los Estados nacionales. El Congreso de Viena de 1815, la Liga de las Naciones de 1920 y la Organización de las Naciones Unidas, a partir de 1945, son intentos de construir una nueva organización social, política y económica para una humanidad que se enfrenta a urgentes retos que los Estados-nación, las empresas multinacionales y los actores transnacionales no gubernamentales por sí solos no pueden enfrentar. Así, Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, al dirigirse al Foro Económico Mundial de Davos en enero de 1999, desafió a los líderes empresariales a unirse a un “pacto mundial de valores y principios compartidos” y a darle a la globalización un rostro humano. Annan y un grupo de líderes empresariales formularon nueve principios, que han llegado a conocerse como el Pacto Mundial de las Naciones Unidas. En 2004 se incluyó un décimo principio.

Las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos proclamados internacionalmente./ Asegurarse de no ser cómplices de abusos contra los derechos humanos./ Defender la libertad de asociación de los trabajadores y reconocer su derecho a la negociación colectiva./ Eliminar todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio./ Abolir el trabajo infantil./ Eliminar la discriminación en materia de empleo y ocupación./ Apoyar un enfoque preventivo frente a los desafíos ambientales./ Emprender iniciativas para promover una mayor responsabilidad ambiental./ Fomentar el desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas con el medio ambiente./ Trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluidas la extorsión y el soborno.

Los tiempos cambian. También nosotros y nuestras organizaciones debemos cambiar. No hay de otra.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez

Un importante pacto global

La organización social humana no ha cesado de evolucionar. Los tiempos en que los individuos ‘Homo sapiens’ formaban parte de pequeños grupos relacionados por el parentesco han dado lugar a una especie que se ha adueñado del planeta entero para dominarlo y que ahora intenta organizarse planetariamente.

Parece evidente que las formas de organización que hemos logrado dependen de las tecnologías existentes. De las primitivas artes de caza y recolección que permitían el sustento de pequeños grupos nómadas en un territorio, con la invención de la agricultura y la domesticación de plantas y animales, nuestra especie creció, nos asentamos en lugares adecuados y nos organizamos en villas, ciudades, reinos e imperios. Aparecieron nuevas funciones y la desigualdad natural de funciones entre hombres y mujeres dio lugar a una creciente desigualdad social. Algunos humanos se erigieron en dirigentes, sacerdotes y guerreros, otros fueron esclavizados y transformados en instrumentos de trabajo. Hace cinco siglos, los humanos comenzamos a integrarnos en una comunidad global. Los avances tecnológicos del transporte marítimo permitieron la comunicación, los viajes, el comercio y las guerras mundiales. Los imperios dieron paso a partir de 1648 a los Estados dinásticos y estos a partir de la Revolución francesa de 1789 a los Estados nacionales. El Congreso de Viena de 1815, la Liga de las Naciones de 1920 y la Organización de las Naciones Unidas, a partir de 1945, son intentos de construir una nueva organización social, política y económica para una humanidad que se enfrenta a urgentes retos que los Estados-nación, las empresas multinacionales y los actores transnacionales no gubernamentales por sí solos no pueden enfrentar. Así, Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, al dirigirse al Foro Económico Mundial de Davos en enero de 1999, desafió a los líderes empresariales a unirse a un “pacto mundial de valores y principios compartidos” y a darle a la globalización un rostro humano. Annan y un grupo de líderes empresariales formularon nueve principios, que han llegado a conocerse como el Pacto Mundial de las Naciones Unidas. En 2004 se incluyó un décimo principio.

Las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos proclamados internacionalmente./ Asegurarse de no ser cómplices de abusos contra los derechos humanos./ Defender la libertad de asociación de los trabajadores y reconocer su derecho a la negociación colectiva./ Eliminar todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio./ Abolir el trabajo infantil./ Eliminar la discriminación en materia de empleo y ocupación./ Apoyar un enfoque preventivo frente a los desafíos ambientales./ Emprender iniciativas para promover una mayor responsabilidad ambiental./ Fomentar el desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas con el medio ambiente./ Trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluidas la extorsión y el soborno.

Los tiempos cambian. También nosotros y nuestras organizaciones debemos cambiar. No hay de otra.

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Author: Maria Suarez