Desnutrición infantil, el peor año en la historia

No, Harry Potter no existe, ni es la primera vez que existe la desnutrición, pero lo que sí es cierto, es que el 2020 fue el peor año en la historia de desnutrición infantil en Guatemala. 

El peor año en la historia porque, tenemos una Ley de Seguridad alimentaria Nutricional aprobada desde el 2005 sin embargo, este año se alcanzaron las cifras más alarmantes en desnutrición aguda, lo que significa un retroceso como el cangrejo.

27 mil 149 es la cantidad de niños y niñas con desnutrición aguda identificados al 12 de diciembre, casi el doble si lo comparamos con el año pasado (15 mil 336) y el más alto en la historia de reportes nacionales desde los años setenta con las primeras hambrunas en Jocotán y Camotán, Chiquimula. 

Pero además de los números fríos, es una violación del derecho a la alimentación y a la vida porque la niñez en desnutrición aguda tiene un sistema inmunológico comprometido, que puede morir hasta por una simple gripe o diarrea y si sobrevive nunca podrá recuperar el potencial de crecimiento ni el desarrollo cerebral que perdió mientras atravesó dicho episodio.

Es evidente que la pandemia del COVID-19 no ha sido atendida con seriedad, pero en medio de esta situación, la prevención de la desnutrición se dejó de lado durante meses y las acciones se movilizaron al ritmo de una tortuga, porque hasta en el mes de agosto cuando las cifras superaban los 20 mil casos iniciaron con las brigadas de desnutrición y la entrega de bolsas de alimentos. 

No se resuelve con magia el problema de la desnutrición, se resuelve inyectando el presupuesto suficiente al programa de prevención y el fortalecimiento del primer nivel de atención en salud, pero ejecutando con transparencia y compromiso. En ese sentido resulta inaudito que Guatemala es el país con mayor desnutrición crónica a nivel latinoamericano (46.7 por ciento) pero es uno de los países que menos invierte en dicho flagelo. 

Mientras que Costa Rica invierte el seis por ciento del PIB, en Guatemala apenas roza el dos por ciento y este año fue el peor, porque mientras que en el 2012 se invirtieron Q6 mil 722 millones, en el 2020 se asignaron Q5 mil 400 millones y en el mes de mayo en lugar de accionar ante el problema de la desnutrición se recortaron Q130 millones que no se han recuperado en su totalidad. 

En lugar de pensar en magia, se debe pensar en asignar más del cinco por ciento del PIB para el 2021, se deben dejar de hacer negocios a costa del hambre, como el intento millonario de la galleta nutritiva, o los Q3.9 millones asignados para alimentos deshidratados o Q1 millón en huevos en polvo. Es una burla la compra de ultraprocesados insalubres cuando en Guatemala existe la fuerza de trabajo y tierra suficiente para promover la producción agrícola que garantice la soberanía alimentaria de la población. Un gobierno que es incapaz de proteger la niñez, es incapaz de gobernar. 

‘*Nutricionista y activista por el derecho a la alimentación. [email protected]

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Author: Maria Suarez