PIB, goles y nada más

No soy muy seguidor del fútbol en general, pero solo si tuviera horchata en lugar de sangre no me sentiría feliz por los éxitos de la selección nacional Sub-20 que nos representará en el mundial de esa categoría a celebrarse en Indonesia el próximo año. Pero en medio de la celebración, que aún no finaliza porque también hay posibilidad que ese grupo de jóvenes nos represente en los Juegos Olímpicos de París en 2024, algunas fotografías que circulan en redes sociales me permiten hacer algunas consideraciones.

En 2011 fue la primera ocasión en que una selección de la misma categoría participó en un mundial, celebrado en Colombia. Pero ojo, de ese grupo quizás uno o dos aún deambulan por equipos de segunda categoría. En sus momentos llamados promesas, pero que ante la ausencia de condiciones pasaron al anonimato o a otras actividades. Como tiende a pasar por estos lares, las celebraciones son efímeras y quienes en sus momentos son llamados héroes pasan con facilidad al olvido. Por ello, es deseable que con la nueva generación de talentos no pase lo mismo; aunque lamentablemente las condiciones son similares o quizás peores a las presentes hace once años. La constante corrupción, los juegos de poder y las complacencias con unos son algunas de las expresiones que prevalecen en el deporte federado, y con mayor volumen en las mafias que dominan el fútbol “profesional”. 

Cabe destacar que aproximadamente un tercio de los integrantes de la selección juvenil no nacieron en el país, pero decidieron jugársela por el lugar donde nacieron sus progenitores. Eso se agradece. Pero en esa decisión queda claro una de las múltiples implicaciones de la migración. Poco se sabe de las condiciones por las cuales sus familiares decidieron en su momento tomar la decisión de irse, pero seguramente la búsqueda de mejores oportunidades para ellos y sus siguientes generaciones fue una de las principales motivaciones. Promover triunfos para un país que poco o nada les ha retribuido. Lo mismo sucede en otras facetas, donde los beneficios de las remesas traen sinnúmero de ventajas, a pesar que poco hacemos como sociedad para crear esas condiciones (incluso mínimas) que se requerirían para retenerlos en sus lugares de origen. 

Ocurren varios hechos contradictorios. Dado lo positivo que implica tener connacionales fuera de las fronteras (no importando para nada por qué se fueron y en qué condiciones), entonces mejor que otros más continúen alimentando esa tendencia. Beneficiémonos a costa de los dramas que implica ser expulsados. 

Para los actores que dominan el escenario del poder, los migrantes hoy se reducen a cifras del PIB (remesas), historias de éxitos de una minoría que no representa las penurias que sufren más de tres millones de guatemaltecos en el exterior y goles. Indicadores duros que buscan olvidar, a propósito, las historias de vida que hay detrás. 

Hoy las condolencias se dirigen a las siete familias enlutadas por el reciente capítulo de drama sucedido en San Antonio, Texas, pero ese tipo de capítulos se seguirán repitiendo. De poco servirán las fuerzas de tarea para la captura de coyotes, porque los detonantes no están allí. Los hechos demuestran que los derechos son vulnerados segundo a segundo; muchos guatemaltecos tienen marcado su futuro desde la concepción. 

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Author: Maria Suarez