¿Es justo competir en desigualdad? ¿Hasta dónde es justo dar trato igual a quienes nacen “más desnudos” que otros? ¿Hasta dónde es legítimo proteger la “propiedad privada” cuando esta no se obtuvo bajo las fuerzas del mercado? ¿Y hasta dónde es justo que la riqueza pertenezca a una minoría (que no es ni Ud. ni yo) que heredó la mayoría de los factores para producir y lucrar cuando al mismo tiempo hay una mayoría poblacional cuya única posesión es su cuerpo y su fuerza física para obtener ingresos? ¿Es justo que el 1 por ciento de la población mundial posea el 80 por ciento de la riqueza mientras que la mano de obra es remunerada debajo de la canasta básica?
Sin embargo, la premisa de una corriente del liberalismo republicano consolida la reproducción de dichas injusticias y falencias a través de su concepción utópica del Estado: Se busca que este (el Estado) no tenga otra función más que proteger lo que esa corriente denomina como los 3 “derechos inherentes a la persona humana”: la vida, la propiedad y la libertad. En este contexto, ¿cómo el Estado puede proteger la vida si esta se vulnera cuando trabajadores dentro de un mismo país ganan salarios menores a la canasta básica solo por el hecho de haber nacido bajo ciertas circunstancias fuera de su control individual? (Como la pertenencia étnica en un país racista, el género en un país machista, la cultura o área geográfica, en un país excluyente.) ¿Qué privilegiará ese Estado liberal: La “propiedad privada heredada” de pocos o la Vida, y la libertad de construir su proyecto de vida, de muchos?
Volviendo a la pregunta original, y basándonos en la teoría de que los mercados totalmente liberados y sin la función redistributiva de los gobiernos sacarían de pobres a todos/as, reflexionemos hasta qué punto es justo y factible, dado el contexto del país.
Según el censo agropecuario de 2003, 92.06 por ciento de pequeños productores ocupan tan solo el 21.86 por ciento de la superficie de tierra cultivable. Como reporta Nancy Avendaño (PL, 2002), la situación se agrava si se trata de mujeres. “Solo el 6 por ciento de las fincas está en manos de ellas”, añade. El 70 por ciento es propiedad de varones no indígenas. Hablamos de tierra, pero aquí no se trata únicamente de cultivarla, pues como apunta Hernando de Soto, la tenencia de activos permite a la persona ser sujeto de crédito y acceder a más oportunidades en los mercados. Es decir, estamos hablando de acceso a financiamiento prendario. Alguien que nace sin activos, sin oportunidades de educarse, sin acceso a servicios de salud mínimos y en un contexto discriminatorio (reforzado por columnistas dogmáticos, el cartel libertario en Guatemala y un ethos conservador), tendrá muchas más dificultades para competir bajo un sistema de “reglas iguales” que una persona que heredó propiedades, educación privada, credenciales, “conectes” sociales y otros activos tangibles e intangibles sin haberlo pedido.
Más allá que eso, cabe preguntar, qué tan justo es que alguien que heredó tierra que no fue adquirida en un sistema de “libre mercado” hoy pueda lucrar con ella, hipotecarla y obtener millonarias ganancias económicas que le permiten adquirir y heredar otros privilegios políticos, institucionales, sociales y culturales. Mientras más privilegios heredamos, más incómodo nos resulta hablar de desigualdad e inequidad y es precisamente por ello que debemos de abrir el tema y seguir levantándolo con preguntas difíciles y verdades relativamente inconvenientes.
¿Es realista asumir que todos en Guatemala nacemos con el mismo acceso a oportunidades de competir? ¿Es justo que hoy se busque liberar aún más a los mercados cuando no se ha resuelto el que las personas empiecen desde un punto de partida equitativo para competir y que cada quien decida cómo moldear su propia vida? ¿Cómo llegó un grupo minoritario de la población a concentrar más de la mitad de la tierra en el país? y ¿por qué hoy el 10 por ciento más rico obtiene el 40 por ciento de los ingresos totales generados mientras el 10 por ciento más pobre apenas recibe el 2 por ciento?
Las respuestas no la tienen exclusivamente “los liberales”, “conservadores”, “libertarios o republicanos”, “populistas o fundamentalistas de mercado”. Las respuestas, estimado/a lector, las tiene usted.