Disparen rosas

Han sido semanas en las que me he encontrado refugio en la poesía. Puede que la coyuntura nos obligue a algunos a escondernos en los versos de otros, como un ejercicio de supervivencia a los tiempos que pasan. La poesía es a la coyuntura como un ameno refugio al desvalido; es una grata y oportuna casualidad. El inglés tiene una mejor palabra para describirla: ‘serendipity’ (un descubrimiento afortunado no planeado). Como quien se resguarda de una fuerte tormenta bajo el paraguas de un extraño. 

Así, por supervivencia pero también por razones periodísticas —que a lo mejor han surgido de ese resguardo— me he visto obligado y agradecido por tener que leer una y otra vez la obra del poeta Carlos Wyld Ospina, cuyos poemas gustan tanto a mi queridísimo abuelo. Escondido dentro de un libro muy complicado de conseguir —al igual que cualquier ensayo, novela y poema del poeta antigüeño— encontré un soneto inédito, titulado ‘Samaritana’, que invita a mantener la esperanza y que ha caído como anillo al dedo en días como estos. Escrito en marzo de 1947, uno de sus versos reza así: “Yo soy el que venía por el camino… Tú eres la que me presintiera, soñando, junto al pozo de la tarde, sabida por mí entre las mujeres. ¿Me darás a beber y seguiré mi andanza? Y tú respondes: Quédate, viajero de mi gozo, ¡y en mi cántaro bebe la divina esperanza!”. 

Pero justo al lado de ese soneto, encontré uno que también retrata la realidad. Como quien invita a ese extraño que se ha refugiado bajo el paraguas a sacar la mano y tantear la lluvia. Wyld Ospina titula a este soneto ‘Retrato’ y está fechado en 1950: “Estás como distante de la vida, ajena a su fragor y a su fluir, con la serenidad de quien se olvida del vano ayer… y ensueña el porvenir. Una mirada abscóndita y perdida tienen tus ojos: fúlgido zafiro. Sabes así, silente y evadida, que sin soñar no es nada el existir. Es triste ese mirar, tristes tus labios…”. Una realidad retratada en un rostro; un rostro que aunque está triste, no ha perdido el brillo de sus mejores momentos. ¿Será este un retrato del país? 

Sea lo que sea, con estos dos sonetos inéditos queda clara la lección del poeta: esperanza y realidad son vecinas; ambas necesarias para interpretar el presente. Las ropas de la esperanza encajan bien en un cuerpo tonificado por la realidad, que no ignora lo que es, aunque sueñe con lo que pueda ser. 

Hoy, la realidad es un tanto sombría porque resucita pasados que nuestros abuelos y padres nos contaron con mucho temor. Pasados que retrató muy bien otro célebre poeta que, a diferencia de Wyld Ospina, tuvo un destino trágico y que, también a diferencia de Wyld Ospina, tiene hoy un legado más popular. Pareciera que Luis de Lion, a modo de profecía, describe la situación actual en el poema ‘Acerca del venado y sus cazadores’. Y ya que celebramos este mes su aniversario de nacimiento, conviene recordar estos versos inmortales: “Ahh… Tantos siglos contra un solo minuto, tanto cuchillo para cortar una flor, tanta bala para acribillar una bandera, tanto fuego para quemar un libro, tanto zapato para aplastar un rocío, tanto ruido para acallar una voz, tantos cazadores para cazar un solo venado, tanto cobarde contra un solo valiente, tanto soldado para fusilar a un niño…”. 

Tanto cuchillo para cortar una flor. ¿Para qué? Ojalá entendiéramos que las rosas cortadas valen poco; nada, comparadas con las que crecen orgullosas en un jardín, vestidas de pétalos pero con troncos de espinas. Esperanza y realidad; pétalos y espinas. Si disparan, que disparen rosas. 

@godoyesjd

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Author: Maria Suarez