Promesas, desprestigio y cancioncitas. ¡Nada más!

Se empiezan a dar a conocer las agrupaciones políticas que participarán en las próximas elecciones. Dos docenas de partidos políticos intentarán ocupar cargos municipales, legislativos y llegar a la más alta magistratura en Casa Presidencial. Pareciera una broma, pero no lo es: acudiremos a las urnas y depositaremos el voto utilizando lo más cercano a un cartón de lotería. Nada describe mejor la dinámica de la política nacional y su lamentable historia democrática que un juego de azar como la lotería. Al menos esta es la óptica y la realidad de la mayoría, que poco o nada ha tenido que ver con los resultados, pues estos han sido definidos históricamente por las minorías, responsables también de las consecuencias. Sin embargo, para las poderosas e influyentes minorías, los resultados les han beneficiado enormemente; un beneficio que pesa mucho más que el costo de mantener al país en el perpetuo subdesarrollo. Irónicamente, el subdesarrollo ha resultado muy lucrativo.

El modelo político-económico-social de subdesarrollo, y todo lo que implica, ha sido un gran generador de riqueza no solo en Guatemala sino en la región, premiando a quienes orbitan en el poder y condenando a todos los demás. Lo que intento decir es que el modelo político-económico-social en el que sobreviven las mayorías no es el resultado de la aparente suerte a la que somos sometidos cada cuatro años, sino el de una ingeniería confeccionada a la medida de intereses puntuales, que comparte los frutos de sus cosechas con los políticos y aquellos llamados a gobernar. El cartón de la lotería política no muestra las caras de los candidatos sino las máscaras de sus patrones y financistas. Lejos quedaron las ideologías, pues, con escasas excepciones, lo que estos representan son intereses puntuales. Y así, una vez más, los guatemaltecos acudiremos a votar, y elegiremos a quien por mucho tiempo se ha denominado “el menos peor”. Nada cambiará porque seguiremos operando bajo el mismo sistema, con los mismos protagonistas, con los mismos intereses y con las mismas reglas de juego. Si mucho, lo que cambiará será la configuración de las minorías detrás del poder. La incertidumbre radica en: si desde la nueva configuración la situación continuará tan mal, o si se pondrá peor.

Conocer qué hay detrás del trono es de suma importancia para empezar a comprender los diferentes escenarios que podemos esperar, independientemente de lo que se nos presente en la próxima lotería electoral. Ahora bien, las consecuencias de estos escenarios son inciertas, ya que los intereses detrás de los políticos empiezan a distanciarse de los acostumbrados. Esta nota no pretende juzgar y analizar esos intereses, sino poner en relieve que estos empiezan a tener puntos de discordia. No creo que se genere un choque de trenes, pero los poderes tradicionales empiezan a ver con temor los escenarios que se avecinan. Un divorcio abrupto es imposible, pues, al haber convivido en algún momento de la historia, desligarse repentinamente podría traerles consecuencias complejas. Por ello, esperar cambios sustanciales en las próximas elecciones resulta ingenuo. Los tiempos de intentar corregir la plana por parte de aquellos que por años han manejado la agenda del país, aún no llegan. A menos que exista un apoyo fuerte y contundente para las escasas buenas opciones que pueda haber, la posibilidad de que llegue al poder alguien honorable y capaz es inexistente. Lo que viene será más de lo mismo, y, aunque parezca difícil de creer, puede ser peor. 

Mientras no logremos un cambio radical en el escenario político, las reglas del juego y sus protagonistas, seguiremos jugando a la lotería con cartones viciados, pues el ganador está garantizado antes de comenzar el juego. Lo que se avecina son promesas, desprestigio entre contrincantes y las nefastas campañas a la tortrix: otro simulacro de democracia. Es así como cada cuatro años los guatemaltecos definimos nuestro futuro; un futuro que cada vez se vuelve más aterrador.

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Author: Maria Suarez