Se yergue en Guatemala una figura (dictadura) oprobiosa que tiene cooptada a su sabor y antojo la institucionalidad democrática del país, para servirse a sí misma como a intereses corruptos, inmorales y siniestros. Sin pudor se manipulan los hechos, se falsea la verdad, se intimida a los políticos opositores, y a quienes estén vulnerables a la extorsión, y se actúa con sed insaciable de venganza contra los medios de comunicación social que denuncian con claridad y sin rodeos los atropellos descarados de este régimen.
La persecución política contra Jose Rubén Zamora, periodista audaz y emblemático, y contra su abnegado equipo de trabajo en elPeriódico, que han sido muy incómodos para los que han ejercido el poder público en Guatemala, se ha puesto en evidencia ante una ciudadanía que no se deja sorprender ni manipular.
La manera en que fue allanada la residencia de Jose Rubén Zamora, la forma como se desarrolló la ejecución de su captura, la toma de las instalaciones y la detención del personal de elPeriódico dieron la pauta de que estas primeras acciones realizadas bajo una simulación legal con un despliegue desproporcionado de las fuerzas de seguridad emanaban de una decisión política.
Las argucias legales posteriores al encarcelamiento del periodista Jose Rubén Zamora no se hicieron esperar. La primera audiencia en el Tribunal que lleva su caso fue un bochorno que evidencia la relación íntima y coordinada entre la parte acusadora del Ministerio Público y el juez responsable de este caso. Cual obra de teatro con un guion preestablecido se puso en evidencia pública lo que ya se sabe: ha desaparecido la independencia y la imparcialidad de las distintas instancias del sistema de justicia nacional, que a todas luces se aprecian sometidas a las altas esferas políticas.
No obstante estas circunstancias que auguran una batalla larga bajo supuestos fundamentos jurídicos en el marco de una dictadura oprobiosa, hay un atisbo de esperanza. Los distintos medios de prensa nacional, organizaciones gremiales, religiosas, académicas y ciudadanos en lo particular a nivel nacional han manifestado su repudio, su preocupación y diría que todos de una manera u otra ponen en duda la credibilidad de los procesos legales a los que está y estará sujeto Jose Rubén Zamora.
Esta batalla, que es más bien política que jurídica, nos compete a todos asumirla como propia, no solo está de por medio la defensa del Estado de derecho, el derecho a la libertad de expresión, sino que este caso de Jose Rubén Zamora es la antesala de un proceso electoral que desde ya se ve viciado y que sin duda alguna será manipulado e intervenido al gusto de la dictadura oprobiosa. Estamos siendo testigos inquietos, algunos quizá hasta ahora impávidos, de una secuencia de hechos predeterminados que apuntan tener como colofón el año entrante, “el naufragio de nuestra democracia”.
Estos son desafíos fundamentalmente ciudadanos que me motivan a regresar a escribir nuevamente en elPeriódico y contribuir de forma conjunta con innumerables compatriotas que desde distintos espacios se preocupan y se manifiestan. Esto nos debe incumbir a todos sin distinción generacional, política, religiosa o ideológica. elPeriódico es eso. Un espacio valioso de expresiones diversas de opinión y contrapuestas y ese derecho de expresión, que es el reflejo de nuestra sociedad, lo debemos defender como propio.
Las dictaduras por su naturaleza tienden a subestimar o bien a menospreciar la capacidad ciudadana de comprender objetivamente lo que está sucediendo y de su capacidad de alzar su voz y reaccionar decisivamente si las circunstancias lo demandan. La historia patria registra momentos de dignificación ciudadana.
Esta dictadura oprobiosa que hoy detenta los hilos del poder será efímera como otras tantas en nuestra región y en el mundo, y ese será nuestro gran desafío, regresar a Guatemala lo más pronto posible a una genuina democracia y a un renovado y fortalecido Estado de derecho.