Estamos ante la suma de distintas crisis. La mayoría de hogares en Guatemala ya está sufriendo un deterioro económico. Primero, el aumento de los precios de combustibles y alimentos implica pagar más por las importaciones, favorece la inflación y exacerba la inseguridad alimentaria. La guerra en Ucrania no terminará pronto y otras presiones persisten. Debido a la mayor importancia de los alimentos en los presupuestos de las familias pobres, su inflación las golpea más.
Segundo, al aumento de estos precios se une la desaceleración de la economía de Estados Unidos. Habrá menos exportaciones, ingresos y empleos en Guatemala. Afectará a obreros en la industria de vestuario, jornaleros y cooperativistas en la agricultura y empleados en turismo. Tercero, crecerá menos el consumo y la inversión. Alzas de las tasas de interés en Estados Unidos están provocando la apreciación del dólar (con un quetzal que le sigue), y la salida de capitales guatemaltecos. Los bancos aquí ya aumentaron sus tasas de interés y comenzaron a limitar el acceso al crédito para el consumo y la inversión. Sufrirá la clase media endeudada y los empresarios medianos que no tienen acceso a préstamos preferenciales. No podrán compensarlo las remesas.
Pero el deterioro no es solamente económico. El Fondo Monetario Internacional le asigna en su última evaluación mundial una atención especial al peligro de agitación social provocada por precios crecientes de alimentos y combustibles. En 2018 Naciones Unidas advirtió en un estudio pionero (Pathways for Peace) acerca del aumento de la violencia en este siglo como resultado de percepciones de exclusión e injusticia. A estudiosos del tema les preocupa el creciente descontento, rabia y agitación en el mundo entero: la efervescencia social y la violencia serán mayores en esta década que en las anteriores. Lo estimula el deterioro económico, el rechazo de gobiernos despóticos y la ausencia de canales para organizarse y expresar reivindicaciones.
Los ingredientes requeridos para aumentar la agitación social en Guatemala están dados. Incluyen aumentos de precios de combustibles y de alimentos, escasas oportunidades y masivo desempleo de jóvenes, narcoactividad, bloqueos y estallidos de violencia, amenazas y persecución, empresarios sujetos al chantaje, y el rechazo del gobierno de Estados Unidos frente a un gobierno aislado, temeroso de la verdad. Percepciones de desigualdad, racismo, injusticia y exclusión política y económica no encuentran alternativas viables para expresar frustraciones y reivindicaciones. El ataque a la libertad de prensa que representa la detención de J. R. Zamora refuerza estas percepciones. Estallidos sociales de consecuencias impredecibles son probables. Recuerda la década de 1970 y el fraude electoral de 1974. Solo un sólido régimen democrático podría prevenirlo. Vivir sin democracia y libertad nos condena al oscurantismo y al conflicto.