“Hashtag”: NoNosCallarán

La libertad. Sin duda muchos la han vilipendiado de innumerables formas. Hablo de aquella facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su forma de actuar dentro de una sociedad. O de no actuar. Eso nos lleva al hecho de que una persona se dice, se siente, se relata constantemente. O sea, se piensa. Lengua y pensamiento resultan ser parte de la misma esencia, una dualidad indisoluble. Si se dice es porque se piensa. He ahí que el albedrío de decir es sagrado.

La libertad de expresión viene en un paquete sin limitaciones previas, porque cada uno está equipado para utilizar su naturaleza, sea cual sea y donde sea. Eso es justamente lo que nos hace valorables, fuertes e indispensables. La palabra es un hecho consagrado e imperturbable.

Sí, la libertad de expresarnos, o sea de pensar, es un derecho fundamental para vivir en una sociedad amplia y justa. Derecho inalienable. Defendido como una garantía por tratados, acuerdos y por la naturaleza misma de ser humanos. Por la propia confianza en el derecho mismo. La campaña y el mito mismo para expandirse abiertamente por el mundo. Sin censura ni licencia previa. 

Proteger la difusión de ideas es simplemente un hecho democrático. Impensable una democracia que amordace a la sociedad. Que no esté en vigencia con todas las ideas. Y efectivamente, uno de los mayores ejercicios de los gobernantes es partir de la simple premisa de que serán auditados y fiscalizados. Que llevan un reflector sobre sus cabezas. Que comprendan que la crítica es energía. Y que intentar silenciar a aquellos medios periodísticos o personas que se expresan es un gordo y deleznable error. Es tocar el fracaso con los dedos. 

Zonas de silencio y oscuridad se producen en aquellos lugares donde la violencia y la impunidad imponen su efecto paralizante sobre los periodistas, que no encuentran respaldo y protección de nadie. Porque nadie quiere para su país mentalidades absolutistas, actitudes mezquinas y totalitarias. 

La criminalización de la expresión es un acto de suicidio colectivo, conscientemente por quienes abusan del poder público utilizando el sistema penal de manera represiva, e inconscientemente por la población indiferente a semejante atropello.

Pues la violencia y persecución en contra de periodistas y medios se torna en un asunto alarmante, preocupante y escabroso para nuestro país. Para muestra el perturbador allanamiento de elPeriódico y el espurio encarcelamiento de su presidente, Jose Rubén Zamora, una víctima más de intenciones oscuras que buscan enmudecer y, a cambio, servirse de falsos aplausos de quienes persiguen impunidad.

Permitirlo es silenciarnos a nosotros mismos. Es abrir la puerta al fracaso colectivo. Es otorgar el poder por el poder, sin garantizar la convivencia viva de las ideas libres. Permitirlo es lanzarnos al vacío. Es atentar contra pensamientos y, por ende, contra nuestra propia humanidad. 

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Author: Maria Suarez