Los anticristianos Desayunos de Oración

Por estas fechas, todos los años tiene lugar un importante evento, que muchos consideramos anticristiano, llamado Desayuno Nacional de Oración. Este reúne a las cúpulas del poder político, empresarial, así como también a individuos notables. Personas buenas y piadosas departen con impenitentes ladrones, corruptos, lavadores y deshonestos, la flor y nata de la corrupción. Aunque esté invisible, el comensal que nunca falta es Satanás, que se carcajea del sainete montado en nombre de Cristo. De jesupisto, no de Jesucristo. Entre los oradores, el lobo carnicero cuenta que es vegetariano, la más famosa prostituta da consejos de moralidad, Drácula asegura que, con celo, cuida del banco de sangre. ¡En ellos los gobernantes siempre se autoalaban, a la vez que hablan de honradez! Disfrazados de meseros, algunos diablillos sirven los platos del menú. ¡Qué huevos! Qué huevos más buenos, comenta alguno por allí. El de al lado le replica que son rancheros, porque allí no se sirven los benedictinos. No sé si en estos Desayunos se cobra el bendito diezmo. (Bendito para los que lo recaudan y se benefician.) Ese diezmo del que tanto habla Cash Luna, que, por lo que se ve, ya forma parte del Pacto de Corruptos.

 Todos los años, cuando veo la fotografía de los prominentes comensales de estos Desayunos, pienso que, en realidad, se trata del Desayuno Nacional de la Corrupción. Imagino allí sentados al Sanedrín, a escribas, fariseos y doctores de la ley, a Pilato y Herodes, a Barrabás, al Mal Ladrón, todos comiendo también con personas buenas como Nicodemo o el Buen Ladrón, que murió arrepentido. Estos Desayunos son siempre una tribuna apropiada para que quienes administran la cosa pública presuman de honrados y se vanaglorien de sus obras fraudulentas, maquilladas de bondad. No hay nunca un solo propósito de enmienda. En vez de alabanzas, estos desayunos surrealistas deberían estar animados con el narcocorrido Jefe de jefes.

 Como resultado del Desayuno, nunca surge un Saqueo arrepentido de su proceder, quien, según el relato bíblico, sin miedo al qué dirán, en público, dijo a Jesús: “Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más. Jesús le dijo: hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lucas 19, 8-9). 

 Nunca ningún orador de esos Desayunos ha recordado el consejo de Jesús: “Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas (en los hoteles cinco estrellas, agrego yo), bien plantados, para que los vea la gente. Os aseguro que con eso ya recibieron su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6, 5-6). 

 Para el Desayuno del año entrante sugiero que algún orador sincero, que no presuma de lobo vegetariano, lea estos pasajes bíblicos, alusivos a los signos de los tiempos de la Guatemala de hoy: “No todo el que diga Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. 

 “¿No sabéis que los injustos no heredarán el Reino de los Cielos. ¡No os engañéis! Ni impuros, ni idólatras, ni afeminados, ni homosexuales, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni ultrajadores, ni explotadores heredarán el Reino de Dios” (1 Corintios, 6, 9-10).

 “La raíz de todos los males es el afán del dinero” (1 Timoteo, 6,10).

 “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos… ” (Mateo, 5, 3-10).

 Como se me acabó el espacio ya no me ocupo de trazar el perfil de los organizadores y financiadores de estos Desayunos. En otra ocasión será. 

 No termino este artículo con la frase final preferida de los discursos políticos: ¡Que dios los bendiga! (dios con minúscula), porque el refrán popular dice que no se debe tocar a Dios con las manos sucias. Mejor concluyo con una frase de uno de los mayores teólogos del cristianismo, San Agustín, que escribió: “Son insensatos los que buscan a Dios con los ojos del cuerpo, ya que a él solo se le ve con el corazón”.

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Author: Maria Suarez