¡No me ayudes, compadre!

La semana pasada quise compartir mi visión de que en Guatemala como no pasa nada no hacemos nada para mejorarla y la procesión la llevamos medio en calma. Pero antes de que se cumplieran siete días el Estado captura y encarcela al presidente y cara visible de elPeriódico. Muchos pensarán que Chepe se lo merece, pero si le quitamos nombre y apellido a la situación por la que vive, debiéramos ponernos a pensar que si alguien tan conocido y supuestamente “poderoso” es presa fácil de un sistema sin pesos y contrapesos, ¡qué podemos esperar los simples mortales! No puedo opinar sobre la justificación y/o las razones para capturar y mandar a prisión a Jose Rubén Zamora. Primero porque en lo mucho o poco que me he relacionado con él, nunca le he visto rasgos o actitudes de delincuente. Pero más importante aún, no conozco las interioridades del caso y quiero asumir que el MP tiene suficientes pruebas para justificar este atropello a la estabilidad nacional. No por la persona, porque si existen pruebas de su culpabilidad, pues nadie es superior a la ley, pero el modo y la forma no es digna de un país que se considere civilizado. Acá no se encarceló solo a la persona, se está encarcelando al medio escrito, a sus personeros y muy especialmente a los guatemaltecos que buscan todavía informarse a través de los medios tradicionales y no por un whatsapp que nos mande la vecina. En un mundo digital moderno donde se ha ido reduciendo el periodismo profesional y se sustituye por las noticias falsas sin ningún tipo de control, los esfuerzos por mantener vivo a los periódicos dependen de billonarios como hemos visto en EUA (NY Times, Washington Post, etc.) o de “locos” como sucede acá en Guatemala, con todos los que aún circulan. No hace falta atacar al medio porque con callar al piloto se logra el objetivo final.

Este acto generará una crisis que solo va a perjudicar a los guatemaltecos más necesitados, a los que les urgen nuevas inversiones y oportunidades de parte de extranjeros, principalmente de EUA, para lograr eliminar la pobreza extrema que obliga a nuestra gente a caminar al norte. Nadie puede negar que existen empresas que están buscando a donde pasar sus operaciones que ya no son eficientes en su territorio y por eso existe el nearshoring. Pero cuando se cometen acciones atropellantes, no importa si existe algún indicio de razón, los resultados son terribles para la imagen de un país que necesita constantemente mejorarla. 

En el mundo siempre ha existido animadversión hacia la labor periodística. A los pícaros por supuesto no les gusta que se sepan sus acciones y fechorías. Hay algunos, no delincuentes por supuesto, que no les parece justo que sus actitudes sean expuestas y analizadas desde una perspectiva diferente a la propia, inclusive subjetiva según su visión. Y finalmente hay muchos que consideran que algunas noticias son basadas en el chisme y el rumor y su objetivo solo busca difamar y por lo tanto degradan la profesión. En todos estos casos existen razones para no “querer” a los periodistas, pero estas no justifican meter a la cárcel a alguien sin ningún otro objetivo que evitar una noticia. 

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Author: Maria Suarez