Optimista contra todo pronóstico

Vivimos una época compleja. Las certezas de hace algunas décadas se han difuminado. Centroamérica no tiene rumbo. La región pasa horas difíciles. Quizás el hecho más notorio es la deriva de Nicaragua. Llamada a ser una especie de apuesta por el futuro luego de salir de la dictadura de Somoza, ahora da traspiés con un gobierno bicéfalo de tendencias claramente autoritarias, pero, sobre todo, lejos de la alborada que significó el 19 de julio de 1979. 

En Guatemala, los hechos que se señalan por aquí y por allá, por estudiosos serios de las más diversas posturas políticas o ideológicas, nos dicen que estamos entrando en una deriva alejada de las expectativas generadas por la transición democrática iniciada en el año 1985, al tiempo que señalan alarmados, la conversión de la Constitución en una pieza de museo de forma prematura. 

Se agrega a este balance pesimista que los Acuerdos de Paz que pusieron fin al conflicto armado de nuestro país son engavetados y no parece que en el futuro cercano se puedan retomar, a pesar de que son una agenda nacional que espera ser implementada. Hay temas que se caen de maduros: al menos cinco reformas básicas. Educación, seguridad y defensa, reforma política, derechos indígenas, plenos derechos humanos. Todos estos temas están empantanados y corren riesgos ominosos de vueltas al pasado preguerra y de guerra sucia de los 80. 

En educación no se llevó a cabo la reforma preconizada en los acuerdos y que es ley por el decreto 542-2005. Los riesgos mayores se encuentran en temas como el de seguridad y defensa. Los errores o las inconsistencias son claros. Y acaso el mayor representado por la iniciativa de ley 6076. Se regresa conceptualmente a la época de la guerra, a la contrainsurgencia. Y se colocan a las fuerzas de seguridad como eventuales enemigas de la ciudadanía. Ni hablar de derechos indígenas. 

Otro tanto ocurre con la reforma política. El ejemplo mayor es el entrampamiento de las reformas a la ley electoral y partidos políticos. Se sabe en corrillos que los dos cambios básicos que algunos operadores de las sombras quieren son: libertad de financiamiento a los partidos, ausencia de techos de campaña con pautas publicitarias libres y cero penalizaciones a los financistas. Sean empresarios o mafiosos. Otra es facilitar el transfuguismo y convertir la política en algo parecido al fútbol, donde el cambio de camiseta sea algo que se deja al mercado. 

Lo anterior es un gran marco. Es la corrupción y sus vínculos con el poder, sea político, económico, institucional. Las expresiones de ello son muchas y hay al respecto suficiente información como para pretender voltear a ver a otro lado. A pesar de lo señalado, no parece que los intentos represivos fructifiquen, tampoco puede el sistema político actual, mantenerse como el puente de Los Esclavos, menos que la sociedad acepte la disminución de espacios democráticos y libertades civiles. 

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Author: Maria Suarez