Aguas y fronteras en crisis que crecs

No es un secreto que la mina Cerro Blanco arroja sus desechos o porquerías en los dos lados de la frontera entre Guatemala y El Salvador. Y como ya se dijo en este mismo espacio, los desechos tóxicos de la mina envenenan el río Ostúa y este, a su vez, la laguna de Güija y el río Lempa. Como si nada, son las principales fuentes de agua de salvadoreños y guatemaltecos en esa región fronteriza. 

Por ello la decisión de las comunidades de Guatemala para llevar a cabo la consulta que recién se realizó y concluyó con un triunfo democrático sin precedentes en nuestro país. Y es ese resultado que las autoridades guatemaltecas no quieren reconocer, al tiempo que revelan su naturaleza autoritaria, y por qué no decirlo: con tendencias dictatoriales, pues oponerse a una consulta democrática no es más que un acto vinculado al espíritu y visión dictatorial y profundamente antidemocrática. 

Pero resulta que las mismas autoridades que se oponen a la consulta democrática en Asunción Mita son las que dicen con total descaro que están limpiando de desechos y toda clase de basura el río Motagua que desemboca en Honduras miles de toneladas con la mierda nacional que desde Guatemala le llevamos a Honduras. Qué talito. Y por ello es que en estos tiempos recios como decía el escritor Vargas Llosa, asistimos al envenenamiento de las principales fuentes de agua de nuestro país y los vecinos, y de manera simultánea envenenamos las relaciones con nuestros vecinos más cercanos: El Salvador y Honduras. 

Es realmente una situación inaceptable en términos de la unidad regional, o de las relaciones de buena vecindad si se prefiere, con quienes deberían ser nuestros principales aliados. Sea en temas económicos, políticos, en el escandaloso drama de los migrantes, pues en todos ellos somos parte de un mismo y único problema: el subdesarrollo, con un modelo económico y político agotado y la crisis humanitaria que se ha entronizado en los países del denominado Triángulo Norte. 

En otros términos, hoy tanto las aguas fronterizas y las relaciones entre nuestros países se encuentran envenenadas por la miopía y la ignorancia de quienes se encargan de los temas ambientales y de los temas diplomáticos entre países que no nos cansamos de decir que son nuestros hermanos. Pero en todo ello hay un hecho que no puede ser negado por nadie: la contaminación de las aguas que van hacia El Salvador o las que van a Honduras son responsabilidad de la ausencia de políticas ambientales en nuestro país. Asimismo, de la altanería de las autoridades guatemaltecas ante las de los países vecinos. 

En pocas palabras, a Guatemala y sus autoridades les vale veinte que se contaminen las aguas en El Salvador, o que lleguen toneladas de porquería a Honduras vía el Motagua. Total, no pasa nada. Advierto: no estén tan seguros. 


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Author: Maria Suarez