Llegan a la mente recuerdos de la niñez, especialmente de aquellos días felices en que se celebra el Día de la Patria, algo que aún ocurre a lo largo de todo el territorio nacional, al iniciar con gran alegría el recorrido de jóvenes que llevan encendida la antorcha de la libertad, en alegres desfiles organizados e integrados por personas jóvenes y adultas que marchan al sonido de las bandas militares y de instrumentos típicos.
La preparación de los escolares para el desfile del 15 de septiembre se inicia desde meses antes con maestros instructores que les enseñan a marchar erguidos y alegres, generando un ambiente que a los participantes los hace sentir orgullosos de la nación en que nacieron, especialmente a los habitantes de los pueblos y de las ciudades. Los que no forman parte de los grupos que desfilan asisten a un punto del recorrido, para ver pasar a los integrantes de la marcha y sentir en el corazón un orgullo que especialmente les transmiten las fuerzas armadas con su banda y los jóvenes amantes de la patria.
Quienes toman la profesión de servir para la defensa del país encuentran que primero es prepararse en los cuarteles para atender y proteger a la ciudadanía, siendo parte de su trabajo sentirse orgullosos y felices por prestar seguridad a la población y a la defensa del territorio nacional, lo cual recuerdan cada año el Día de la Independencia.
Ese sentimiento patriótico lo debemos tener presente cuando a los habitantes del país nos toca decidir en las elecciones el camino al que se dirigirá la acción humana; da pena ver a quienes llegan con propuestas que ilusionan y parecen buenas, pero que son equivocadas para eliminar la miseria.
Los amantes del prójimo como a nosotros mismos nos encontramos con la triste realidad de que en nuestra patria uno de cada cinco habitantes es analfabeta, por ello nos es difícil ver la indiferencia de una gran cantidad de personas ante ese hecho.
Es terrible pensar en las ideas manipuladas y equivocadas, propuestas por políticos, algunos ignorantes y otros con la ambición equivocada de adquirir bienes del Estado, es decir de una población cuya mayoría es pobre, a través de declarar ideas que lastimosamente entran fácilmente en la mente de los ciudadanos, especialmente de aquellos que integran ese veinte por ciento de la población analfabeta y luego, con no menos deseos les siguen, aquellos que no ven oportunidades para progresar, sintiendo una envidia natural, al no entender cómo se enriquece y vive en lujo un bajo porcentaje de los habitantes.
Entre los ciudadanos nacionales encontramos que en la población de los más capaces se encontraban aquellos cuatro millones que emigraron, la mayoría a los Estados Unidos, con la ilusión de obtener ingresos que les mejorarían su vida y la de los familiares que se quedaron, a los cuales generalmente les envían mensualmente parte de sus ingresos, confiando en que al correr el tiempo regresarán un día y podrán aprovechar una parte de los fondos que enviaron, con el objetivo de adquirir bienes, como una propiedad o un negocio, que les podrían garantizar ingresos para una vida mejor, sin los graves problemas económicos que tenían cuando se fueron.
Debemos tener claro que no se cambia la situación en que vivimos si no variamos nuestra manera de ver y hacer las cosas, ello implica que: debemos estudiar, encontrar nuestros errores, corregirlos cambiando de actitud, ponernos metas y, sobre todo, actuar con energía para lograrlo.