Nuando dicen que todo está bien, NADA está bien

El saqueo y la disputa por el agua no es un problema nuevo y quienes lo han hecho visible, sobre todo, han sido las y los defensores de los territorios que están haciendo frente a los grandes proyectos extractivos que se instalan en sus comunidades. Pero su voz parece no tener eco.

Hay pocas personas preocupadas por lo que significa la tragedia de vivir sin agua. Quizá porque quienes hoy se enfrentan a la sequía o se levantan de madrugada con la esperanza de llenar al menos un galón para pasar el día, sin resultado alguno, son “los otros”, de quienes nos distanciamos, esos distintos de nosotros. 

Y es que la comercialización del agua es otra de las grandes transas de los gobiernos de este país porque resulta ser rentable, como siempre, solo para una pequeña porción de población. La historia de nunca acabar en esta “patria” de la eterna tiranía. 

En otras latitudes del mundo, las normas para la instalación de las empresas extractivas están reguladas con mecanismos más estrictos, pero aquí cuentan con las garantías de un marco jurídico que no pone reparo a la devastación de los bienes naturales y que deriva de los negocios turbios del empresariado y quienes ocupan cargos en el gobierno. 

Es un pacto entre lacras entacuchadas a las que poco les importa cómo el despojo del agua está siendo un riesgo para la vida, para la salud y para comunidades enteras que se ven trastocadas cuando este bien se mercantiliza. 

“Si el agua nos falta no hay oro que alcance porque la vida se acaba”, han dicho ya miles de mujeres y hombres que están siendo testigos de los estragos que ocasionan las empresas extractivas, “están matando los ríos, y si los ríos se mueren, también morimos nosotros”. 

Pero de nuevo, las voces de alerta y denuncia parecen no tener eco. Gestión tras gestión, cada cuatro años, esas personas elegidas para dirigir el país, siguen aprobando leyes y otorgando permisos para que los grandes proyectos extractivos se instalen en las comunidades en donde aún hay vida, y así seguir sacando raja mientras no existe ningún tipo de beneficio para la mayoría de la población. 

En la medida que dejamos pasar y no ponemos freno, los abusos se perpetúan. Por ello acompañar y reivindicar las resistencias de los pueblos no es hoy una cuestión de ideología, es un tema de supervivencia y de defensa de la vida. 

Mañana, domingo 18, la población de Asunción Mita realiza una consulta de vecinas y vecinos con la intención de “salvar a nuestro pueblo y salvar el agua” frente a los impactos del proyecto minero Cerro Blanco. “Cuando dicen que todo está bien, nada está bien. El ‘desarrollo económico’ que nos venden, está acabando con la vida”. 

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Author: Maria Suarez