La Malinche es una figura fascinante. No solo es real, sino también mítica. Es parte del imaginario mesoamericano, especialmente mexicano. El conocimiento de la Malinche permite una mejor comprensión de la convulsa Mesoamérica de la época (de la que Guatemala formaba parte), en proyección hasta nuestros días.
La Malinche fue una mujer inteligente, políglota y de gran corazón, conocida también como doña Marina (nombre que le fue dado en su bautizo cristiano), Malinalli o como Malintzin, de origen náhuatl, un pueblo tributario de los aztecas (o con más precisión de los mexicas). El padre de la Malinche fue un cacique adinerado de Copainalá, quien murió siendo ella niña. La mamá se volvió a casar, procreando a un varón. A instancias del padrastro, a quien la hijastra le estorbaba, la madre accedió a venderla a traficantes de esclavos de Xicalango; luego fue cedida al cacique de Tabscoob, de la región maya de Tabasco. Posteriormente, tras el triunfo español en la batalla de Centla, junto con otras 19 jóvenes indígenas, fue entregada como tributo a Hernán Cortés, quien la convirtió en su amante. En esa época, las mujeres se intercambiaban como cosas y se daban como trofeos de guerra.
La Malinche tenía gran habilidad para aprender idiomas. Hablaba el náhuatl, en su época lengua franca. Durante su esclavitud aprendió el maya-yucateco. Más tarde, también conoció y dominó el español. La Malinche fue intérprete, asesora y amante de Hernán Cortés, de quien procreó un hijo llamado Martín. La Malinche fue pieza clave en la conquista de México. En su mural de la Escuela Nacional Preparatoria, el pintor José Clemente Orozco la presenta como la Eva mexicana.
La Malinche puede ser vista de muchas formas, de las cuales solo apunto tres. La primera, figurarla como una persona que traicionó a su pueblo (esta es la versión más socorrida, y cada vez menos aceptada). La segunda, preferida por las feministas, verla como víctima de un choque cultural. La tercera, que es aún más fascinante, apunta a que, uniéndose a los españoles, se vengó de los aztecas, quienes maltrataban y exigían tributos excesivos a los demás grupos indígenas avasallados, incluyendo a los náhuatl, de los que ella formaba parte. En este sentido, de ninguna forma fue una traidora, porque no era azteca; debió de haber estado muy contenta con la derrota final de estos, que tanto daño les ocasionaron a su etnia y a su familia. “La llegada de los españoles parece una liberación de los pueblos sometidos a los aztecas” (Octavio Paz).
En el diario español El País, Juan Jesús Aznares recoge la anécdota de un guía totonaca, quien preguntó a unos turistas si a la Malinche la consideraban traidora. El guía se adelantó a dar la respuesta: “Todo lo contrario, fue defensora de la libertad de sus antepasados totonacas, tlaxcaltecas, otomíes y de otros pueblos que estaban bajo la dominación azteca; el destino le permitió a ella vengarse del emperador Moctezuma, a quien odiaba por ser el causante de su orfandad, exilio y esclavitud”.
Cuando la Malinche acompañó a Hernán Cortés a Honduras, al pasar por Tabasco se reunió con su madre y su hermanastro, quienes pensaron que, aprovechando la influencia que tenía sobre el conquistador de México, se vengaría de ellos, pero no fue así. La Malinche perdonó a su mamá, que la vendió como esclava, olvidó los sufrimientos y vejámenes que sufrió con los mercaderes y amos que tuvo y, en el encuentro, les regaló joyas y telas a su madre y a su medio hermano. ¡De verdad que debió haber tenido un gran corazón, sin resentimientos de ninguna especie! No sé si tú o yo hubiéramos podido hacer otro tanto.
De Tabasco, México, Hernán Cortés y la Malinche pasaron al Petén, luego a Alta Verapaz y finalmente al Río Dulce, en una travesía muy dura, realizada a caballo, en una zona selvática, inhóspita e insalubre, en donde tuvieron también que atravesar ríos caudalosos.
Cuando Hernán Cortés abandonó a la Malinche, ella se casó con el capitán español don Juan Jaramillo, quien le construyó una magnífica residencia en una finca que Cortés le regaló a la Malinche. De este complejo, cuya construcción original data de 1524, aún se conserva una parte, incluyendo la capilla. Don Pedro de Quezada, nieto de la Malinche, le dio el nombre de Hacienda Galindo. Hoy es el Hotel Fiesta Americana Hacienda Galindo, el cual tiene 168 habitaciones, restaurantes y un viñedo.
El nombre de la Malinche dio origen al término malinchismo, que significa amor por lo extranjero, con menosprecio por lo propio. La Malinche fue un exponente del rico mestizaje biológico y cultural que tuvo lugar en Mesoamérica.
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