La música de los días del Brasil (1984-1989) (II parte)

La primera vez que visité Río de Janeiro quedé maravillado. Debe haber sido en el mes de marzo o abril de 1984. Nos fuimos en bus, que partía de la estacao do metro, Tiete, y llegábamos a la rodoviaria de Río. Era de la viacao Cometa, que tenía un bus cada minuto, en el puente Sao Paulo-Río de Janeiro. Hay que mencionar que el sistema de transporte público en Sampa era bastante bueno. Desde el sistema de autobuses urbanos hasta el metro, que para entonces eran dos líneas básicas, que utilizábamos para conocer la metrópolis que ya era Sao Paulo. En el viaje a Río, para Semana Santa, me acompañaban mi colega y amigo Mario Alfonso González Lacs y su esposa, Hilda Patricia Guirola Andreu de González, además de mi novia, Patricia, y mi cuñada, María Olga Pérez Lucas, quienes llegaron de visita. Nos quedamos en un apartamento de la playa de Copacabana y fuimos a los paseos cajoneros, del Pao de Azúcar y del Corcovado. En ese tiempo había un transporte urbano que comunicaba todas las playas de Río, sobre la Avenida Atlántica, que recibían el nombre de Jardineiras. Parecían vagones de tren, pero eran en realidad buses, muy aireados, apropiados para el calor infernal de la ciudad maravillosa. Recuerdo el paseo que hicimos a la Ilha de Paquetá, en plena y luminosa bahía de Guanabara, visita a la que nos acompañó el entonces secretario de la embajada de Guatemala en Brasilia, Jorge Coco Paiz. También vivía en Río, y estuvo en algunos de los paseos con nosotros, un primo de Alfonso, que era de apellido Ramírez. Había fines de semana que nos íbamos al centro de Sao Paulo. Recuerdo haber estado bailando en el Paulistano da Gloria. Contaban con orquesta ao vivo y tocaban música de gafieira. En el barrio de Bixiga había un café, bar y restaurante que se llamaba Piu Piu, predilecto lugar de los estudiantes universitarios y de la mozada paulistana. Era un barrio de residentes italianos, en donde proliferaban restaurantes —cantinas, como son llamadas—, como en el barrio de Santa Cecilia, que servían excelentes manjares y bebidas de la cocina italiana, que Sao Paulo se enorgullece de tener, como es también el caso de Buenos Aires y de otras ciudades sudamericanas. En ese barrio, vi sorprendido, por primera vez, a los famosos darks, que así de esos colores oscuros se vestían, como de luto, y a las patojas que lo hacían como Imelda Marcos, la famosa esposa del dictador filipino. Eran de una elegancia extravagante, muy llamativa. Carlito tenía un hermano, Fernando, como el mío, que para variar era músico. Mejor conocido como Nando Reis, que después sería famoso. Por aquellos años tenían un grupo llamado Sosega o Leao. Muchas veces fuimos a escuchar en ese lugar a ese grupo, que tocaba música caribeña, desde ritmos cubanos, dominicanos hasta reggae jamaiquino, que hizo popular en el mundo Bob Marley (Who shot the sheriff?). Gozábamos bailando y escuchando música “do Caribe e da América Central”, como los brasileiros decían. Se reunían allí las diversas camadas de latinoamericanos que estudiábamos o que vivían trabajando en Sampa y naturalmente los brasileiros a los que les gustaban esos ritmos. Los y las dominicanas eran buenos bailarines. En una oportunidad fuimos con los médicos y cirujanos Rubén Posadas Sosa e Ileana Pinto de Posadas, amigos muy queridos, que hacían posgrado en aquella ciudad, a ese bailongo, con la nena Ana Lucía, muy pequeña y siempre bien comportada. Conocer a Carlito y a Nando Reis nos llevaría años después a escuchar en vivo no solo a los famosos Titas y su hit Sonifera Ilha, sino en sus shows a otros artistas que se iniciaban como la cantante Marina. Nando, buen amigo, siempre nos proveía de entradas de cortesía a los estudiantes casi siempre gafos. 

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez