Cuando las acciones de alguien inspiran a otros a soñar, aprender y crecer, entonces estamos frente a un líder. ¿A usted le inspira alguien en nuestro medio? La respuesta es un rotundo no. Y sobre todo a ese 60 por ciento de la población de menos de 30 años le hace falta inspiración: inspiración para que les importe su patria, inspiración para participar e inspiración para inspirar. Si hacemos inventario veremos una veintena de jóvenes comprometidos con sus grupos; sin embargo, Guatemala con esa veintena de jóvenes inspiradores en realidad no llegará a ningún lado.
Liderazgo político, liderazgo en lo social, liderazgo empresarial.
¿Alguien? Difícil… Nada a la vista…
En el área política los “gatitos” hijos de tigre abundan en el panorama, logrando que la misma flora y fauna continúe en el poder haciendo peor lo que sus padres hacían. Por lo menos los padres sí eran líderes…
En el área empresarial peor. Allí “gatitos” hijos de gatos y nietos de tigres. Una degeneración de los valores empresariales que los abuelos intentaron plasmar en las organizaciones gremiales. Acá el propósito es cuidar la herencia, ni siquiera aumentarla, lo que sí es aumentar los privilegios.
Ya no digamos en lo social, allí el proceso de oenegización literalmente se cantó en todo. Pseudolíderes sociales financiados desde el exterior para cantar cantos de sirena a los ingenuos. Agencias de “cooperación” extranjera “formando” líderes que a la primera se aguadan…
¡La rebeldía! El factor del cambio.
Un líder debe ser rebelde, inconforme con su situación y la de los demás. Literalmente una situación de desesperación para un cambio urgente. Lamentablemente, en Guatemala la opción ha sido migrar. Los jóvenes con o sin preparación, todo lo que sueñan es largarse y forjar un futuro en otro lugar. ¿Así quién se queda para lograr el cambio?
Sin líderes no hay cambios, sin reformas no hay soluciones.
La situación social, económica y política de nuestro país llegó a la orilla del precipicio y tal vez ya estamos rodando cuesta abajo sin todavía darnos cuenta.
¿Cuándo explotará la situación?
El detonante se percibe muy cerca. Las elecciones del 2023 serán cruciales, pero no en el sentido de que encontraremos al “salvador de la patria”. Será un punto de inflexión más sutil. ¿Se respetará la voluntad popular? Y por voluntad popular no me refiero únicamente al conteo de votos transparente, me refiero a la capacidad de postular a candidatos incómodos al sistema, me refiero también a la participación ciudadana en dos sentidos claves: la asistencia a las urnas en sí y a la participación de voluntarios para el conteo de votos y monitoreo de las mesas electorales. Es esta participación ciudadana la que logra el efecto contralor de las elecciones. Con las mesas monitoreadas y operadas por voluntarios y masiva participación no hay forma de hacer fraude.
El fraude vendrá previo a la elección, mediante la utilización del NADA supremo tribunal electoral (en minúsculas) como arma de descalificación de candidatos que supuestamente hayan incurrido en “campaña anticipada”, la utilización de la contraloría no tan general de cuentas (en minúscula) para no otorgar finiquitos a los incómodos y hasta el papel de la persecución penal ficticia, para “parquear” candidatos, dejando así en la papeleta únicamente a los aliados y a los comprados…
¡A un líder no lo define su voluntad de serlo, sino los resultados de lo que hace!
Nos enfrentamos a “líderes” sin ideas, con absoluta carencia de ellas, pero con un discurso ideologizado, cerrado y excluyente, presumiendo de pureza ideológica. Hay “líderes” con principios, pero sin ideas. ¿De qué nos sirve? Hay “líderes” con ideas pero sin principios, ¡peor!
Cierro con una cita de Felipe Gonzales: “En la política solamente triunfa el que pone la vela donde sopla el aire, jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”. Es decir: el ánimo del líder debe estar muy cerca del ánimo del pueblo…