La vida sigue

A veces me parece imposible; otras, hasta increíble.

Y nada sé de su porqué. Porque hasta este momento no le encuentro un defensor que le resulte el adecuado.

Pues somos caprichosos unas veces de muy mal gusto y, otras tantas, por muy variadas razones, para que nos siga marcando ese correr del tiempo.

Somos, en muy pocas palabras, incomprensibles para nosotros mismos y para todo aquello que consideramos definitivamente justificado en nuestra existencia. Pues siempre nos sabemos triunfadores a pesar de todo y engullidores de nuestras verdades, unas las más tontas y bellas, y otras las más desesperantes.

Cada vez con más fuerza e iniciativa percibimos a los más inútiles para que nos gobiernen y los menos llamados a dirigirnos para que nos sean a su turno los más raquíticos para enderezar nuestros caminos y rectificar nuestros quiebres. Y hasta para entre estos últimos no creernos los menos equivocados.

O sea, que nuestra osadía es más de carácter oceánico que de constructores últimos y muy hábiles de lo que no sabemos si hemos por fin comprendido. O así lo creo ahora. 

Nos anticipamos a la última solución infalible de entre las brumas. Nos sabemos los últimos en creernos justificados y en celebrar por último nuestros logros. 

Somos los últimos soñadores, los últimos creativos, y hasta los últimos empoderados por la verdad y la justicia. Es decir, que no solo nos sabemos capaces de agarrar la verdad por sus cuernos sino también de descifrarla desde sus enigmáticos comienzos. 

En otras palabras hemos cesado de tener miedo…

Y aunque todavía nos sepamos algunos falibles e ilusos.

Ya no creo poder tener aventuras eternas, hechas para la inmortalidad y la creatividad. En cambio, ya no dudamos en sabernos sobrenaturales; pues ahora solo nos queda el sabernos triunfadores. 

No más dudas, no más perplejidades. Dios nos crio para sabernos hechos y mucho más que eso. Nos crio para jamás dudar de nuestra divinidad de nuevo. Por ello, somos su mayor y más fuerte eslabón entre sus certezas, tanto ahora como en las consecuencias de su devenir histórico e infalible.

Hemos superado todas nuestras propias incertidumbres. En la realidad ya somos victoriosos aunque en esa misma realidad no lo creamos jamás certeza. 

Y así, comprendemos que Dios nos haya hecho para su verdad, y ante tan mayúsculo encuentro, ahora sepamos que su esencia no es otra que hoy también permanezcamos unidos a su único y trascendental llamado.

 Por eso creo que la vida ha de continuar…


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Author: Maria Suarez