Tasas de interés e inflación

Aunque la tasa de inflación en EUA mostró ya un pequeño retroceso el pasado mes de agosto, la disminución fue tan leve que muchos empiezan a tener dudas de la efectividad de los aumentos en la tasa de interés de referencia de la política monetaria en dicho país. En teoría, permaneciendo todos los demás factores inalterados, mientras más caro resulte endeudarse, menores serán los niveles de consumo e inversión, y por tanto, menor presión sobre el nivel de precios. En el corto plazo, esta disminución en los niveles de gasto de la economía repercute también en la actividad económica. De ahí que uno de los mayores temores de utilizar la tasa de interés para frenar la inflación sean los efectos recesivos de los aumentos en esta variable. A pesar que la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal pasó de 0 por ciento a 2.25 por ciento en lo que va del año, tales aumentos no han hecho que la inflación retroceda de manera significativa. Siguiendo la lógica lineal del argumento, esto implicaría que la Reserva Federal se vea en la necesidad de aumentar nuevamente su tasa de referencia en el cortísimo plazo. Si la tasa actual no está teniendo efecto, diría esta lógica, habría que probar tasas más altas hasta que la inflación se reduzca. 

El problema con esta forma de pensar, tal como lo experimentó el mundo hace 50 años, es que las tasas de interés pueden llegar a niveles verdaderamente peligrosos y la inflación no disminuir considerablemente. En tal sentido, una de las lecciones de los años 70 es que este mecanismo necesita que la tasa de interés sea mayor que la inflación para funcionar adecuadamente; mientras la tasa real de interés (el valor que resulta de restar la inflación a la tasa de interés referencia) sea negativa, seguirá habiendo incentivo para endeudarse y mantener los niveles gasto y, por ende, presionar los precios al alza. Argumento que hoy haría pensar que mientras que la tasa de referencia de la Reserva Federal no supere el 7 por ciento u 8 por ciento no habría efectos considerables hacia abajo en la tasa de inflación. Tasas de esta magnitud no solo implicarían una recesión en EUA, sino una contracción en las exportaciones nacionales a dicho mercado y todo lo demás constante, importantes presiones sobre las tasas nacionales, el tipo de cambio y los movimientos de capitales. Situación que pondría en problemas a los países en desarrollo, tal como sucedió en América Latina en los años 80. La situación que vive EUA y el mundo no es fácil, quedarse de brazos cruzados tendría graves costos para todos, lo mismo que hacer de más y de forma apresurada. Si algo vuelve a quedar claro es que el mejor remedio para este tipo de males es evitar los excesos monetarios y fiscales. 


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Author: Maria Suarez