Alejandro Cotí

El libro Alejandro Cotí, editado por Julio C. Palencia y publicado por la editorial praxis, fue presentado ayer en el salón mayor de la Municipalidad de Quetzaltenango. El mismo puede interpretarse como una forma de rescatar la memoria social de estudiantes universitarios que asumieron el rol de sujetos consecuentes con el momento histórico que vivieron y que les llevó a plantearse cambios necesarios para construir otra nación que arrastraba una herencia económica y social, colonial y feudal, pero también puede interpretarse como parte del duelo en la comunidad estudiantil de ingeniería y el movimiento social guatemalteco, quienes no pudieron vivirlo en su momento y que lo procesan 42 años después. Un duelo postergado, porque en el momento en que Alejandro es asesinado se vivía la feroz represión de Lucas García contra la Usac. 

Alejandro, estudiante de ingeniería química, presidente de la Asociación de Estudiantes de Ingeniería, miembro estudiantil del Consejo Superior Universitario y miembro del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Centroamérica, fue secuestrado el 5 de marzo de 1980, en la zona 1, por 5 o 6 hombres, quienes se lo llevaron en su vehículo y apareció al día siguiente camino a Amatitlán asesinado a golpes y asfixiado con gamezán. Alejandro se convirtió en un enemigo del Estado cuando el gobierno de Lucas García intensificaba la ola de represión en contra de la Usac. 

Para Raúl Molina el desenlace trágico de Alejandro debe interpretarse como parte de los crímenes de lesa humanidad que la Usac vivió, porque fue “secuestrado enfrente de su esposa, torturado y ejecutado por un escuadrón de la muerte del Estado”. Para Molina existe una distinción entre miembros de la Usac, quienes “además de sus funciones universitarias se habían sumado a las fuerzas revolucionarias… pero que no tenían acciones guerrilleras… (sino) acciones puntuales, sin operar como grupo permanente de guerrilla”, y quienes siendo miembros también de la Usac sí participaron en “acciones militares o insurgentes (y que) sabían que se exponían a ser abatidos. Alejandro, junto a miles de personas detenidas, eran miembros de la sociedad civil y gozaban de todos los derechos de ser capturados con base en la ley y orden de juez competente y enjuiciados, de ser el caso, sin estar expuestos a tortura o muerte”.

El libro rescata intervenciones de Alejandro que parecen fueron escritas para el hoy: “El mejor homenaje que podemos hacer a nuestros amigos y hermanos es emularlos en el trabajo con una entrega total del ideal que los llevó hasta la muerte; hoy más que nunca la disciplina, la combatividad, la sinceridad y el triunfo de cada tarea que se impulse debe ser la respuesta en contra de las bestias feroces que asedian a Centroamérica. Qué la sangre derramada por los mártires universitarios sea la savia y el abono de la madre Tierra para alimentar los frutos que nuestros hijos cosechen”.


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Author: Maria Suarez