Octubre. Con sus melancolías, recovecos, escollos y surcos de esperanza, es –como sabemos– un ineludible marco político para demócratas y librepensadores. Su alto significado histórico se hace cada vez más evidente. Hasta la derecha pueril lo tiene en mente. Eso sí, sin idea de su profundo significado. Simplemente les provoca escalofríos de médula. Quizá por ello, hacen crucifijos al viento para que no se repita, aquel octubre. El de los años cuarenta. Ha sido perenne inspiración y cantera para los cuadros de la Revolución guatemalteca. Es el marco teórico de las tesis políticas democráticas. A la vez, que constatación vívida de lo posible, cuando la finalidad es construir bien común. Octubre es revolucionario por definición.
Nada tendría de extraordinario octubre, sin sus intrínsecos personajes: Alfonso Bauer Paiz, uno de los excelsos. Conocido por sus afanes unitarios en la izquierda guatemalteca, hombre de enorme actitud solidaria, incólume en ideas y principios, íntegro en todas las faenas de la vida. Está ya en la historia. De allí, no lo moverán. Su marco es egregio. Asumo, la figura de Bauer Paiz, como el sembrador de modestia y bien común. Siempre rechazando la maniobra corrupta y la promiscuidad política. Por aquellos senderos de la ética política transita vida y pluma de Zamora Marroquín. Jose Rubén. Desde las letras. En la permanente construcción de democracia y bie-
nestar común. Es obvio que aquello no gusta a los poderes. Así, desde los nefastos administradores del Estado. Hoy como ayer: fuete y metralla. Callar la voz opositora. ¿Cuál es la diferencia? A Bauer Paiz lo atacan a balazos esbirros del régimen, sin más vereda que el exilio. A Zamora Marroquín: encierro, debacle económica y muerte civil. Con el viejo método: uso indebido del derecho penal. Este personaje, permanece de pie, soportando la ergástula. ¿En dónde está el parangón? luchadores por la democracia, vida plena para todos y todas. Denodada denuncia y emplazamiento a los politicastros. Ambos parapetados en el intelecto y derecho a la resistencia. Cada quien en su esquina, denunciando y enfrentando corruptela, rapiña y desgobierno. Ambos con la tozudez que otorga el sabor a pueblo y la razón. Con entereza, leyes y pluma. Cada quien, en su momento histórico, bajo regímenes fracasados, antidemocráticos y corruptos.
Sirva este octubre, con su sino de esperanza, como marco para reconocer a ambos personajes y reiterar la exigencia de libertad para Jose Rubén Zamora Marroquín, Virginia Laparra, Flora Silva y cientos de campesinos y comunitarias encarcelados injustamente, cuyo único delito ha sido reivindicar derechos y vida plena.
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