¿Están de regreso o nunca se fueron? Esa es una pregunta que se hace cuando vemos el retorno a la vida pública de una generación de hampones que, utilizando la mezcla de corrupción y diversas formas criminales, tomaron por asalto el país y ahora, de manera creciente, se erigen como la nueva generación de conductores de los destinos de Guatemala. Quizás en esencia nunca se fueron. Estuvieron agazapados por un corto periodo, pero ahora se reincorporan con mucha mayor fuerza, recursos y sin mayores obstáculos a la vista.
No son solamente una cohorte de reciclados. Ese proceso supondría que fueron desechados, pasaron por un proceso químico y nuevamente salen para nuevos usos. En realidad, el hampa nunca ha pasado por ese ciclo. Seguirá siendo un conjunto de expresiones criminales, que sin miramientos va por todo, es decir, lo que se les ponga por delante, sinónimo de apoderamiento total y hambre desaforada.
Antes podíamos utilizar como expresión gráfica la escalera, un mecanismo gradual de acceso que permitía llegar a un punto superior. Hoy, la imagen es abarcadora. Queda mejor la expresión del ascensor, donde la subida no es gradual (se puede ir del nivel 1 al 10 con facilidad), además la gradación es establecida por el propio actor sin mediación de otros. Pero lo más significativo: al llegar a la meta superior, la visión se amplía y los deseos de más ascensos se intensifican porque los incentivos se incrementan de manera ostensible. Eso es lo que ha pasado en los últimos años. Antes el pastel a repartir era un tanto reducido, por tanto, las tajadas eran pequeñas y algunos solo aguardaban las migajas e incluso se quedaban solo con el deseo. Hoy, los pasteles son múltiples, el tamaño no importa porque se pueden elaborar a gusto de los clientes; tampoco los ingredientes son problemas porque se les pueden introducir los que sean necesarios. Los recursos públicos se han piñatizado en vastedad. Las máquinas productoras de satisfactores a costa del erario son mayores a las dispuestas años atrás.
Estas nuevas condiciones han permitido que emerja un gigantesco muestrario de fauna proveniente de diversas cavernas donde el hampa se ha resguardado. Ahora que no hay moros en la costa están listos y dispuestos para actuar en consecuencia. Pero quizás las ansias despiadadas e ilimitadas, como son difíciles de armonizar, se conviertan en sus principales piedras en el zapato. ¿Podrán conciliar sus hambres? ¿Habrá alguna expresión mafiosa superior a la otra que se imponga para disponer cómo se reparten los pasteles? A lo largo de la historia de la humanidad, los ciclos de las mafias se han venido abajo porque entre ellas prima la desconfianza. Aparecen juntas cuando les conviene, cuando quieren ser percibidas como desafiantes o amenazantes; pero a la hora de saborear las “mieles” son dispersas porque su accionar criminal les nubla la vista y siempre los hará ver como lo que son.
El hampa no tiene ideologías. Comparten una gama de intereses, que en ocasiones son disfrazadas de supuesta orientación política. Por origen son conservadores, cercanos a las expresiones de línea dura, utilizan (no profesan) algunas expresiones religiosas como recaudo, permanentemente recurren a narrativas como la familia y los valores, para amplificar sus perversos mensajes, ya que necesitan de incautos y cómplices para estar vigentes y reproducirse.
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