Extraigo el título de una de las resistencias más heroicas, dolorosas y profundamente humanas que ha vivido la población de este país. Una cátedra de la vida sobre la muerte. Un legado a la humanidad tan hondo como el mensaje de los primeros cristianos. Me refiero al apostolado de las Comunidades de Población en Resistencia. Miles de personas no combatientes que, en el norte del Quiché, se desplazaron de sus comunidades. Huían de la muerte. Del fuego, tortura y horca. Tiempos aciagos. Bota militar. Dictadura con fachada democrática. La principal estrategia de la población, elemental y humana: Resistir para Vivir. Luego se cosecharán otras libertades. Es aquel pasaje historia viva. Herida latente. Población que ha perdonado.
Los Acuerdos de Paz surgieron como síntesis de una aspiración suprema: derecho a la vida y libertades. Pasar aquella página cargada de heroísmo y terror. De ausencias y oscuridades. La paz fue traicionada de inmediato. Lo sabemos. Y así muy temprano hubo que volver a las resistencias. Otra vez los pueblos indígenas en primera línea. Sufriendo cárcel y exilio: ahora en defensa de tierra y territorio. Frente a minería, monocultivos de exportación y depredadores de las aguas. De nuevo: ¡Resistir para Vivir! Así las cosas, la precaria democracia que habíamos apuntalado empezó primero a crujir y luego claramente a sucumbir. Fin a la separación de poderes. No es que era impecable. Apenas empezada a perfilarse. Pronto élite depredadora y politicastros se hacen —absolutamente— con las decisiones de poder: Jimmy Morales obedece: se va CICIG e inicia el retroceso. Llega Giammattei. Profundiza orientaciones de capital y politicastros. Se perfecciona la alianza. El presidente megalómano la adereza con sus propios embelesos. Resultado: se oyen pasos de “señor presidente”. De nuevo, toca: Resistir para Vivir. Las libertades están menoscabadas: Ministerio Público es una fábrica de casos: Jose Rubén Zamora, Virginia Laparra, entre las víctimas. Thelma Aldana, Aifán y colegas en el exilio. Sumando denuncias penales. Surgen las voces de la Guatemala profunda: coalición de partidos democráticos: URNG-Winaq. Candidatos presidenciales indígenas y de colofón octubrino: el llamado pastoral y social del cardenal Ramazzini y colectivos. La resistencia pacífica empieza a tomar formas: electorales y sociales. Hemos dicho basta, señalan.
Ampliar las coaliciones electorales democráticas es una ruta, movilización social un mecanismo insoslayable. Desarrollar la resistencia en el marco constitucional implica no cejar en el empeño. Estamos de acuerdo, es la hora de los cuerpos sociales, pueblos indígenas. Los politicastros y empresariado depredador nos llevarán a la hoguera. De la ciudadanía depende frenar la obsesión de poder y corrupción.
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