Han llegado los amaneceres sin ti
mientras las lunas de octubre alumbran tu partida
y tu danzante caminar
que te conducen lentamente
hacia la otra orilla.
Esta separación nos desgarra
porque no es solo el sentir de tu ausencia
es también el rompimiento del tránsito de conocimiento entre generaciones.
Hoy decimos adiós a la estrella que alumbró,
durante 87 ciclos,
con luz propia,
su entorno.
Y la vemos sonreír
partiendo
y perdiéndose entre sus seres amados,
allí va
despidiéndose y feliz,
encaminándose a una larga excursión
con su canasto de viaje,
con su gabacha de trabajo,
y su perraje de diario.
Gracias,
amor,
porque tu lucha redujo la brecha de exclusión
que existía entre tu generación
y nuestras generaciones.
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