La crisis del deporte y del Comité Olímpico: hablando serio

Quienes conocemos desde adentro el funcionamiento de la maquinaria deportiva nos entristece lo que allí ocurre. El tema hay que verlo con otras herramientas. También desde afuera de tal organización, sin sentimentalismos, y con mente fría porque se trata de una organización financiada con dinero público, proveniente talvez de buenas intenciones de unos constituyentes —abogados y políticos los más conocidos— que creían que las dádivas vienen como maná del cielo. Y así como pasa en familias y hogares, ante la andanada de pisto, los problemas que se suscitan son diferentes, y los odios y pugnas se acrecientan. 

Si soluciones son las que se quieren leer, las mismas no son simples. Siempre he creído que los chapuces son para mientras, y que muchos de los problemas de la Guatemala de hoy son estructurales: hay que hablar de Deporte y Sociedad. Y es que al mismo tiempo que escribo estas líneas veo el titular de Prensa Libre: la deserción escolar se ha disparado al 71 por ciento, mayor que en la pandemia. Y a nadie le importa. Y así, paradójicamente, se continúa con una Ley General del Deporte que se inspiró —entre otras— en el modelo cubano deportivo. ¡Vaya incongruencia! En un país en donde la educación física es nula y en donde el hambre aún es prioridad nacional.

Propongo entonces que las fuerzas morales, y lo que queda por ahí en el Congreso de la República se esfuercen en conformar una Mesa Técnica que empiece con un diagnóstico de lo que acontece en el deporte: la base de la pirámide empieza por la recreación y los parques, luego está el deporte escolar, y por último la abeja reina de todo este entuerto: la Asamblea del Deporte Federado, o sea la CDAG. El Comité Olímpico es tan solo la punta del iceberg, y en donde se cuecen mejor las habas, porque a nivel internacional lo que ocurre no está muy lejos de lo que pasa y ha pasado en la FIFA, la organización del fútbol que ahora se llena de dineros provenientes de los jeques árabes, con el mundial en Qatar.

Conozco a varios de los miembros componentes del Comité Olímpico Guatemalteco y de la CDAG. Como bien decía el gran premio nobel de Economía John Kenneth Galbraith, se trata de personas que prefieren creer en aquello que les conviene creer. Por lo general, lo conveniente es aquello que resulta útil, o al menos no es hostil, a los intereses económicos, políticos y sociales dominantes. Por ello es que señoritos del polo, el squash y del tiro son tan importantes en ese tejido empresarial-deportivo de hoy.

El llamado fraude inocente de hoy en día no es consecuencia del incumplimiento de la ley, sino de las creencias personales y sociales de quienes participan en él. Y es que lo que predomina en la vida real no es la realidad —nos dice Galbraith— sino la moda del momento y el interés pecuniario. Y eso es la CDAG, que soporta al Comité Olímpico: un enjambre de federaciones tradicionales del deporte masivo, donde imperan los clientelismos y corruptelas, acompañada de una gran cantidad de asociaciones capitalinas de deportes de élite. Todas votan y reciben sus millones.

Un buen diagnóstico externo —sin apasionamientos— una completa revisión de la ley del deporte y si fuera posible una propuesta de reforma constitucional para cuando llegue el momento es lo que debe hacerse ante el grave problema de gobernabilidad que hoy hace aguas tan solo en la punta del iceberg: el Comité Olímpico. Pero la metástasis abarca desde la base de la pirámide. 


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Author: Maria Suarez