El informe sobre América Latina presentado por el Banco Mundial la semana pasada en Washington, donde se reunieron numerosas autoridades económicas, destaca con acierto la resiliencia mediocre de América Latina.
El informe enfatiza la reducción de muertes por COVID en la región, pero destaca el alto subregistro de muertes en Guatemala, aunque no tan elevado como en El Salvador y Nicaragua. Mientras más autoritarios sean los gobiernos, más engañan. Según el informe Guatemala también es el país latinoamericano con menor vacunación del COVID en 2022, y menciona otros problemas de salud cuya atención se deterioró debido a la emergencia. En vez de aumentar la cobertura de la salud pública, hubo una expansión de la salud privada para atender a las familias con más recursos.
El Banco Mundial explica cómo muchísimos niños y jóvenes, y especialmente los más pobres, tuvieron un escaso acceso al aprendizaje virtual. Para miles de niños y jóvenes guatemaltecos se detuvo en 2020 y 2021 casi completamente el acceso a la educación, ya mediocre, proporcionada por entidades públicas y privadas. Datos recientes sobre la masiva deserción escolar en el 2021 confirman esa apreciación.
El informe muestra que el rebote del crecimiento económico en el 2021, presentado en Guatemala como una poderosa reactivación, consistió solamente en recuperar lo que los países habían perdido el año anterior. Continuaron por la misma senda de crecimiento, y el Banco Mundial no espera que el crecimiento latinoamericano en años venideros supere al experimentado durante la última década.
Como parte de la recesión internacional, el informe anuncia que los precios de los principales productos de exportación se deteriorarán, las mayores tasas de interés atenuarán los flujos de capital y encarecerán el financiamiento externo. Habrá una contracción de la demanda en países desarrollados y China. Volveremos al mediocre crecimiento económico del 3.5 por ciento anual en Guatemala, con una explosión demográfica que persiste. Aunque crezca el pastel económico, alimentado y estabilizado por las remesas, la parte del ingreso que corresponde a cada persona apenas aumentará, y su distribución será desigual. Además, el aumento de precios de los combustibles, y especialmente de alimentos, que a diferencia de otros países de América Latina son en su mayor parte importados en Guatemala, castigará más a las familias pobres. Provocará tensiones sociales.
Ante el aumento de la deuda en todos los países de la región, el Banco Mundial sugiere algunas medidas para aumentar los ingresos y otras para evitar el despilfarro del gasto público. En Guatemala ambas recomendaciones adquieren ribetes de ciencia ficción. Aquí es más fácil financiar a candidatos que a obras y a veteranos violentos que a familias vulnerables. Las necesidades de salud, educación, seguridad e infraestructura no son prioritarias. La resiliencia en Guatemala es mediocre, desigual y algo más…
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