El diccionario de la Real Academia sobre la soberbia tiene varias referencias, una de ellas señala que es una actitud de altivez. Según la religión, es uno de los siete pecados capitales, el peor, porque de él se deriva el rechazo al sometimiento a Dios.
A pesar de las variopintas interpretaciones, la mayoría en lógica de dominación, la propia RAE también refiere que la soberbia es algo grandioso, magnífico.
Así las cosas, resulta que este adjetivo es utilizado por “algunos” personajes que no tienen calificativo, con ánimo de insultar a las mujeres que no se ciñen a mandatos patriarcales, coloniales, racistas, dictatoriales, guerreristas o imperialistas. Mujeres que defienden sus territorios contra el despojo, rompen con las barreras impuestas por el control social y las opresiones; son profesionales comprometidas con la justicia, y de manera brillante, en el marco de la ley, han accionado contra criminales, corruptos y genocidas. Mujeres como Virginia Laparra, Leyli Santizo, Siomara Sosa y muchas más.
Soberbias por no ser silencio frente a la barbarie, la guerra y la injusticia, por recuperar la memoria colectiva que atraviesa nuestra historia; por dejar huella con los pies calzados de dignidad, por mirar al horizonte y avanzar a pesar de la asfixia que genera un país sumergido en la mediocridad criminal.
Soberbias las “brujas”, mujeres quemadas por desafiar al oscurantismo medieval europeo que los invasores trajeron a Abya Yala para también quemar a nuestras ancestras y ancestros. Mujeres que, a través de los siglos, han honrado la luna y el sol, se saben hermanas del agua, el aire, la tierra, el fuego, las piedras, los minerales y las estrellas. Mujeres que defienden la Red de la Vida a pesar del genocidio enfrentado; del despojo de sus cuerpos y territorios; de sus pechos obligados a amamantar a hijos de colonizadores, mientras los propios padecían y siguen padeciendo hambre.
Soberbias como las mujeres que, en el cierre de la Cumbre Internacional de Mujeres Indígenas de Abya Yala, sacaron a los paramilitares que intentaron humillarlas en la Plaza de las Niñas.
Soberbias como las niñas que, en reivindicación de sus sueños y derechos, marcharon para atrás conmemorando su Día, como denuncia del retroceso al que las condena el Estado de Guatemala.
Soberbias como las que en diferentes espacios enfrentan al dogmatismo, han interpretado desde el arte sus tiempos y silencios, hacen poesía, música y generan conocimientos, aún no suficientemente reconocidos. Como las estudiantes que defienden la autonomía de sus cuerpos y de la Universidad de San Carlos que NO TIENE RECTOR.
Soberbias quienes rechazamos la violencia y nos oponemos a las guerras. Las centroamericanas que enfrentan cárcel por oponerse a dictadores y corruptos en el istmo.
Soberbias las feministas de distintos territorios, que nos reunimos esta semana, asumimos retos, y celebramos la fuerza de nuestros deseos, sueños y propuestas. En la Plaza de las Niñas, el miércoles 19 de octubre, finalizamos nuestro Encuentro Nacional, reivindicando nuestra rebeldía, sabiendo que nos atacan y TIENEN MIEDO PORQUE NO TENEMOS MIEDO.
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