Corriendo hacia el abismo

En política la seriedad no es la más acrisolada de nuestras virtudes, y esto es porque desde 1985 hemos ido dejando de involucrarnos en la política nacional y con eso vamos corriendo, según yo, hacia el caos, la anarquía y pudiera ser hacia cosas peores. Pero no siempre fue así. Recordemos que en 1984 se eligió la Asamblea Nacional Constituyente con la asistencia a emitir su voto del 78 por ciento de quienes se habían inscrito en el padrón electoral. Ha sido la más votada Asamblea Constituyente, electa de forma democrática sin imposiciones ni de revoluciones ni de caudillos, menos redactada a espaldas del pueblo y sin recibir órdenes en inglés ni otro idioma. Estaba la Asamblea integrada por ciudadanos serios y decentes. Teniendo pues una nueva Constitución Política de la República de Guatemala aceptada por todos y aplaudida nacional e internacionalmente, dimos al mundo una muestra de seriedad como país y como políticos. Nuestra Constitución es tan buena y a ese respecto debemos recordar que una de las características de los textos constitucionales en el mundo civilizado es su permanencia en el tiempo. Nuestra Constitución fue aprobada en 1985 y tiene ahora 37 años de vigencia, haciéndola la que más ha perdurado en la historia de Guatemala.

Sin embargo, desde entonces ya se atisbaba la poca madurez y seriedad de unos pocos políticos reflejada en la cantidad de partidos participantes, que fueron quince de los cuales diez lograron un mínimo porcentaje de votos. En esa oportunidad con cinco o seis partidos hubiéramos tenido una participación suficiente. Hubo políticos serios en pleno ejercicio de su derecho de elegir y ser electos, de tal suerte que en las elecciones presidenciales solo fueron ocho candidatos. Era el año 1985 cuando ganó en segunda vuelta Vinicio Cerezo Arévalo, de una izquierda moderada como era la Democracia Cristiana Guatemalteca, teniendo como contrincante al centrista Jorge Carpio Nicolle de la UCN.

En las siguientes elecciones, 1990, siempre con políticos serios la Democracia Cristiana no pudo retener la Presidencia y con la participación de doce candidatos empezábamos a correr hacia el abismo. Destacaron figuras como Jorge Carpio Nicolle acompañado de Manuel Ayau Cordón, Alfonso Cabrera con Marco Antonio Villamar Contreras, Álvaro Arzú con Fraterno Vila Betoret y Jorge Serrano Elías acompañado con Gustavo Espina Salguero. Me atrevo a afirmar que todos eran gente seria y decente. Durante la campaña destacaban Jorge Carpio por haber sido finalista frente a Cerezo en la anterior elección, Alfonso Cabrera por ser el ungido oficialista de la Democracia Cristiana y Álvaro Arzú del PAN por ser el carismático alcalde capitalino. El resto de los nombres hasta llegar a doce creo podré recordarlos en otra entrega. Al iniciarse esa campaña nadie creía que Serrano podría ganar.

En esos años me atrevo a decir que había una derecha donde participaban liberales y conservadores claramente antimarxistas y antiguerrilla. Eran gente de orden. Por otro lado había una izquierda culta, nada radical, también antiguerrilla; la guerrilla era pura demagogia e irresponsabilidad totalmente antisistema y no tenía ninguna posibilidad electoral; querían que corriéramos hacia el abismo. (Continuaré…) 


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Author: Maria Suarez