Espacios

La noche del 31 de octubre decidí romper la rutina e ir al teatro. Me alejé de los sustos y los disfraces para sumergirme en una de las artes que más me gusta y alimentar mi sueño frustrado —y jamás perseguido por carecer del talento y las agallas— de ser actor. Si bien ir al teatro en la noche de Halloween a degustar de una obra sí que le dio miedo a la mayoría de personas para las que las artes son desconocidas y que ignoran el talento que hay en este país, para mí fue una experiencia fenomenal, no temeraria. Ir al teatro siempre es buen plan. 

Esa noche, el Teatro de Cámara estaba lleno de familias, parejas, adultos y jóvenes como yo. El público diverso y todas las butacas ocupadas son buen augurio. Vimos La Soga, una representación teatral de la famosa película de Alfred Hitchcock, estrenada en 1948. La obra, a cargo de la compañía Escenarte y cuya adaptación fue realizada por Mariano Menchú, narra cómo una pareja de universitarios estrangula en su apartamento a un amigo en común, para demostrarse que son capaces de cometer el crimen perfecto, y lo hacen minutos antes de que lleguen los invitados a una cena que ellos mismos han organizado en ese mismo lugar. Por ello, la pareja esconde el cadáver en un baúl en medio del salón y deciden trasladar todo lo que tenían preparado en la mesa del comedor al baúl, para jugar con los nervios y demostrarse que pueden lidiar con aquello. Los invitados llegan a la fiesta, que transcurre apaciblemente pese a la extrañeza que les produce a todos la ausencia de la víctima, que yace muerta al centro del salón. Finalmente, el secreto y plan perfecto de la pareja de universitarios fracasará, pues traicionados por el alcohol, los nervios y sorprendidos por la astucia de uno de los invitados, se descubrirá el crimen. La Soga y la adaptación guatemalteca mantiene al público con los nervios de punta pero también lo hace reír con sus diálogos cómicos y la actuación estelar de sus protagonistas. 

La noche en el teatro, además, no me costó ni un quetzal. Fue un evento gratuito. Resulta que esta obra forma parte una de las más de 300 actividades culturales de la iniciativa Espacios, un proyecto de la Dirección General de las Artes del Ministerio de Cultura y Deportes que busca impulsar la creación, promoción, fomento y difusión de las diferentes disciplinas del arte en sus distintas ramas, según explican en su sitio web. A través de la convocatoria de 2022, el Ministerio seleccionó a distintos proyectos para creaciones y presentaciones artísticas, y destinó Q1,000,000 para cada disciplina artística (entre las que están circo, teatro, música, danza, artes plásticas, cine y canto). El Ministerio ha asegurado que la iniciativa se repetirá para 2023 y de hecho ya es posible aplicar a través del sitio web http://culturaguate.com/agenda-espacios/. 

Hemos de reconocer lo bueno y considero que iniciativas como estas deberían ser más comunes, mejor visibilizadas y más grandes. Habemos público suficiente que consume arte y nuestros artistas tienen talento de sobra para entretenernos, sorprendernos y educarnos en cualquiera de sus géneros, desde la danza hasta el cine. El teatro lleno aquella noche de Halloween y el talento y calidad que ofrecen compañías de teatro como Escenarte lo comprueban y deberían motivar al Ministerio a destinar más fondos para las artes y a la población a consumirlas más seguido. 

Nos vemos en los teatros, salas de cine, galerías, auditorios, plazas y espacios culturales de todo el país el próximo 2023, para seguir apoyando la iniciativa Espacios y para que nosotros como consumidores podamos aplaudir lo bueno y exigir más arte en un país que tiene talento, pero que no siempre lo explota. 

@godoyesjd 


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Author: Maria Suarez