Por qué no votaré por Quiñónez

Los que vivimos en el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala y sus alrededores vivimos molestos por un sistema de semáforos que, por no estar sincronizado, cuando transitas por las calles (de este a oeste y viceversa), el paso vehicular se vuelve largo y tedioso. Igual acontece a los millares de personas que viven en ciudades dormitorios fuera de la capital, quienes por razones de trabajo transitan por el casco histórico. En la actualidad, solo el tránsito por las avenidas está sincronizado, quedando pendiente el de las calles.

Hago un poco de historia. En la década de 1970, para el casco histórico se adquirieron semáforos. Todos estaban perfectamente sincronizados. A pesar de estar funcionando muy bien, durante la administración edilicia de Óscar Berger fueron sustituidos por nuevos, que no pudieron sincronizarse. Su tecnología no estaba probada. Se especuló que en la negociación hubo coimas. Ir en auto por calles y avenidas con semáforos que no estaban sincronizados fue un calvario ciudadano grande.

Después de largos años de innecesaria espera, durante la administración de Fritz García Gallont, la alcaldía sincronizó los semáforos, pero solo los que regulan el tránsito de las avenidas, no así de las calles. 

Ahora, ir en auto por las calles del Centro Histórico es una pesadilla. Cuando lo hago, siempre me molesta esa mala adquisición. Aunque no quisiera decirlo, pero por ser de barrio lo hago, le miento la madre al alcalde de turno. En estas condiciones, si soy víctima de un sistema que no funciona bien, ¿por qué habría de votar por mi victimario? Entre los vecinos, este tema ha sido objeto de muchos comentarios.

Otro tema que ha sido relegado por los alcaldes capitalinos es el de la distribución del agua potable. Recientemente, en la esquina norte de la Plaza Miguel Ángel Asturias hubo una fuga de agua. Por el chat que tenemos los vecinos de la cuadra, dimos la voz de alerta a Empagua. Hubo muchas llamadas y quejas sin resultado alguno. El comentario en el chat era de burla al eslogan del Arzú Irigoyen que decía: gota a gota el agua se agota. En este caso, no eran gotitas sino un gran chorro.

Como Empagua no acudía a reparar la fuga, en el chat de vecinos empezamos a preguntar si había alguno que tuviera algún “conecte” en Empagua para agilizar el arreglo. El bendito “conecte” es expresión de ineptitud administrativa. Otras veces, de corrupción.

Finalmente, una noche llegaron los trabajadores de Empagua a reparar la fuga. Un vecino arquitecto les dio indicaciones precisas. Para desgracia del vecindario, la fuga no fue reparada bien. De nuevo las llamadas a Empagua y a los “conectes”. El problema que había con la reparación era sencillo. Como solo de madrugada y por la mañana Empagua surtía de agua al sector, si los trabajadores de la empresa municipal de aguas llegaban por la tarde, no podían apreciar la magnitud de la fuga ni verificar su reparación. Después de varios días, hubo comprensión del problema. La reparación de una fuga tardó dos semanas y hubo cientos de llamadas y reclamos y gran desperdicio de la escasa agua potable de la ciudad.

Por contrastes, la Empresa Eléctrica, de inmediato, de día y de noche, repara cualquier desperfecto eléctrico en la vía pública. 

Si Roberto González (Canela) no corre para alcalde capitalino, mi voto será nulo, porque no lo daría jamás tampoco a personas aventureras, que carecen de un equipo y de suficientes conocimientos técnicos. 

La administración municipal capitalina no es fácil. Los problemas se apilan cada día. No hay soluciones, especialmente la del tránsito que, a gritos, pedimos quienes circulamos por la Nueva Guatemala de la Asunción. En realidad, mientras no haya un metro subterráneo no habrá ninguna solución, digna de este nombre. Los parches ya no arreglan nada.

Recuerdo que, tras ser declarado presidente electo, Alejandro Giammattei pidió al presidente Jimmy Morales que traspasara 18 millones de quetzales a la alcaldía capitalina para la implementación de un metro de superficie por la vía del ferrocarril. Se habló de un tren de cercanías. Todos recordamos cómo en un acto de embelequería pueblerina, Jimmy subió al vagón del ferrocarril que, tras empezar un recorrido simbólico, se descarriló. En Guatemala, todo está descarrilado.

Lo único que me gusta del alcalde Ricardo Quiñónez es que no es amigo del show, al que son adictos los funcionarios. Toda persona que administra caudales públicos debe ser eficiente, honrada y evitar el show porque, como se ha dicho, uno no debe dar las gracias al cajero automático por darle a uno el dinero, porque este no es de él, sino de uno. No hay que dar las gracias a ningún funcionario, porque la obra pública no la realizan con su dinero, sino con el nuestro.

Aquí cada presidente, alcalde y funcionario presume de realizar obras que nunca nadie había hecho anteriormente, afirmando a la vez que la de ellos es la mejor administración de la historia. Sería una vergüenza que, con tan abundantes recursos disponibles, no hicieran nada. Siempre habrá en algún pueblo un chorro nuevo “puesto por primera vez en la historia”.

Alcalde Quiñónez, sincronice los semáforos de las calles del Centro Histórico para que, como se dice en buen chapín, no le estemos mentando la parentela a usted y sus antecesores, como millares de personas lo realizamos ahora.


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Author: Maria Suarez