Un actor poco visible

En estos tiempos donde reinan las expresiones de oscuridades y las presiones para alinear las decisiones en favor de ciertos intereses nefastos para las mayorías y favorables a las estructuras de poder, tanto tradicionales como emergentes, se cree que todas las estructuras públicas son manipulables por recibir recursos provenientes de la sociedad en su conjunto; ese en el caso de los gobiernos locales. Desde esa perspectiva, se estima que el oficialismo puede activar su maquinaria para la continuidad aceitando los presupuestos municipales con enormes flujos de recursos, nunca antes vistos en Guatemala; si se logra tener control sobre 200 o más alcaldes y cada uno de estos logra movilizar x votantes, entonces se logrará el número suficiente para pasar a segunda vuelta. 

Priva la visión lineal, que parte del supuesto que el dinero lo puede todo. El asunto de fondo en una elección radica en los participantes (depende si hay incentivos que llamen la atención sobre la importancia del proceso) y votos. Pero se deja de lado que las autoridades locales son capital político móvil. Pueden aceptar los recursos públicos, salir públicamente respaldando a xy, pero en la práctica respaldarán a quien les favorezca mejores rendimientos políticos en los territorios. Ha sido usual que les jueguen la vuelta a los gobiernos de turno porque sus intereses son diversos y más sensibles a las decisiones de los ciudadanos, asuntos que poco o nada importan en otros niveles. Por origen son entes autónomos, no supeditados a poder formal alguno. Su músculo depende de otras variables, algo que un contexto hipercentralizado como Guatemala, se lee por encima del hombro, con alta dosis de ignorancia y visión autoritaria. 

Los vientos que soplan en los gobiernos locales están íntimamente vinculados con la naturaleza de los municipios. Una de sus características, el interés por la asociatividad corre por carriles que son poco conocidas porque no se les asume como entes autónomos que piensan, actúan y se interrelacionan a partir de otros códigos, incluso contrarios a intereses de actores de poder hegemónicos. Este país está sumido en un profundo alineamiento, a quienes representen algo diferente se les apaga la luz, se les invisibiliza o minimiza. 

Un actor desarrollado en Guatemala desde hace más de dos décadas, son las mancomunidades de municipios. Desde su origen, su orientación se dirige a abordar asuntos comunes a varios municipios (intermunicipales), e incluso interdepartamentales (mancomunidades que asocian a municipios de varios departamentos). También se cuenta con la experiencia de mancomunidades que agrupan municipios de dos o más naciones. De conformidad con el Código Municipal (artículo 49), corresponde a las mancomunidades la “formulación común de políticas públicas municipales, planes, programas y proyectos, la ejecución de obras y la prestación eficiente de servicios de sus competencias”. Por esencia, son actores territoriales. Se conforman por decisión expresa de los Concejos Municipales. Cuentan con Junta Directiva y gerencia; tienen una orientación más de orden técnico y estratégico que las municipalidades, su mirada es de mayor alcance porque son instancias más estables (por lo general, no sujetas a los cambios de cada cuatro años).

En la actualidad existen más de 25 mancomunidades, algunas con más de dos décadas de existencia, que ejecutan proyectos que pocos actores se atreverían a ejecutar. Incluso, desarrollan iniciativas intermancomunadas; pero algunos no están listos para el reconocimiento de actores que en ocasiones van contra la corriente. 


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Author: Maria Suarez